Nepote

Cuando conocí al diputado Sergio García Covarrubias, fue hace más de un año

Cuando conocí al diputado Sergio García Covarrubias, fue hace más de un año. Y frente al Teatro Juárez, al término de un acto de gobierno. En ese momento tenía interés de plantearle un asunto. Le abordé y al pedirle una audiencia me respondió con un dejo de soberbia, prepotencia y mostrándose como un odioso soberano. Obvio con ese desplante cancelé toda intención de comunicación. El tiempo pasó y esa primera impresión de este aprendiz de político no sólo no la cambié, sino que se acrecentó cuando conozco más detalles de esa actitud protagónica y que raya en lo grosero.  Lo comento hoy porque leí los argumentos de la dirigencia pianista para nombrarlo el responsable de la dirigencia de la fracción parlamentaria. Se le pinta como el non plus ultra de la política y el salvador de las instituciones y el próximo hombre en el poder estatal. Pobre partido y pobres diputados con ese líder. Y le agrego la pobreza de los representados. La ignorancia política de este chamaco lo llevó a evidenciarse en la tragedia de Lidia con una cadena de selfies donde presume de que apoya a los ciudadanos entregándoles migajas que desprende de la ofensiva riqueza que ostenta al recibir salarios millonarios cada mes. Este es el perfil del legislador panista que se conduce con soberbia charoleando, que es el sobrino consentido de un ex gobernador, quien por cierto en su mandato dio más muestras de modestia y humanismo que su nepote consentido. Esperamos que el PAN no cometa el error de seguirlo encumbrando en esa burbuja de prepotencia. El pueblo no lo merece.

Maestro

Silencio total. En ese salón se podía escuchar todo, pero menos un cuchicheo de los alumnos. Solo una voz. Y un ruido como un dramático cosquilleo del dedo índice en el verde pizarrón. A mí se me figuraba que caían cacharpitas. Era el maestro de matemáticas en la heroica ETA 184 de Ciudad Insurgentes; Alejandro Mota Vargas, un hombre no común. Fue un grande de la enseñanza. ¿Sus méritos? Hacernos hombres y mujeres a varias generaciones. Alejandro, es de esos hombres que parió la tierra para servir. Me resistía a escribirle unas líneas, porque me tiemblan las piernas y las manos, cuando evoco su memoria. Pero ¿cómo no hablar de mi maestro?, si fanfarroneo, cuando digo que mis amigos son los cinco dedos de la mano. Y él es uno de ellos. Le conocí a dos meses de que inicié mi secundaria. Y les platico: por razones que me guardo como caballero que soy me reportaron a la dirección acusado de estar noviando, enfrente de la secundaria. Y ahí fue donde le vi por primera vez. Su rostro adusto, como dice su hijo adoptivo José Luis Escalera Belmontes, ocultaba un ser humano, sensible, fabuloso y con un alto sentido del humor y yo de pilón, le agregaría y cariñoso. Después que le rindieron un parte de mis fechorías, levantó su larga mano y con su índice flamígero a la par que me señalaba la puerta gritó con ese vozarrón que le caracterizó: “Expulsado, expulsado, lárguese, verraco.” Palabras que me sonaron a plomo ardiente pensando en lo que le iba a decir a otra verdugo más cruel: mi madrecita. Después de su juicio sumario siguió con la susodicha. Y el mismo tratamiento. Expulsada casquivanita. Y mi dulcinea suelta el llanto. Una tragedia. Y yo salí con el alma en un hilo, pensando en lo que venía. Pero de pronto escuché, su grito de nuevo: Chávez, regrésese, todavía no termino con usted. Media vuelta y de nuevo a él. Después de observarme por largo tiempo, me dijo muy quedito: Preséntese mañana. Le retiro el castigo, usted tiene finta de que concluirá la Secundaria. Me quise poner digno, pero no me dio chanza. Y ahí, signamos nuestra amistad, hasta su muerte. Lo mucho de lo que hoy tenemos hablando de avance económico, social y político, en el Valle de Santo Domingo, se lo debemos a un grupo de educadores, nativos y con arraigo que a la par con los pioneros que cultivaron la tierra, ellos educaron a todos. Y hablar de esos maestros hay que ponernos de pie cuando hablemos de esos doce al patíbulo que llegaron de Nayarit: Alejandro Mota Vargas, Eliseo y Rito Medina, Juan Flores del Rosario. Emilio Maldonado Ramos, y muchos más. Alejandro fue de esos hombres que se quitaban la camisa y el bocado para dárnoslo a quienes más que alumnos, fuimos sus hijos. Su esfuerzo inculcarnos en la mente; Grandeza, grandeza, grandeza. Le vi, retar a quienes nos ofendían. O dudaban de nosotros. Como director una escuela limpia y ordenada. Como maestro, incorruptible y estricto. Como diputado local, fue un procurador de pueblos pobres. Como esposo y compañero de Herlinda Trasviña, su gran amor, su esposa, su compañera, respetuoso. Y como padre, amigo. El maestro pensaba en grande. Y así lo fue hasta su muerte hace ya más de diez y seis años. Antes de partir le visité en su domicilio y se despidió de Ely y de mí. Me voy a morir a mi tierra. Ya no regresaré con vida, vendré muerto y quiero que tú me dediques unas palabras en mi entierro. No le creí. Y se fue y sus últimos momentos fueron el juguetear en un parque de su tierra natal. El nació el 17 de marzo de 1936, en una comunidad llamada Villa Hidalgo Nayarit. Y allá como si fuera un niño. Se comió una nieve y al regreso de su paseo; murió. Perdón.

Vidas Paralelas

Alejandro no puede morir, porque sus alumnos, sus hijos, su esposa, sus amigos y hermanos, no queremos que muera. Se fue de viaje y a su regreso lo veremos como siempre, con la frente en alto, su guayabera y su pantalón caqui. Su mano extendida, señalando, educando, guiando a muchos niños, jóvenes a quienes nos enseñó a vivir. Y trascender… Por dignidad, por escasa que sea. Por la situación que se vive en Los Cabos, el alcalde Arturo de la Rosa no debe derrochar más al recibir un premio que no tiene ningún sentido. No debe darle al pueblo esa estocada más… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor que es la vida misma. Y no olviden hagan el bien y sean felices.


* * *


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anúnciate en Peninsular Digital

 

¿Quires anunciarte en Peninsular Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.