Mitad

La vez que más cerca de estuve de ir a la cárcel, fue hace como seis años

La vez que más cerca de estuve de ir a la cárcel, fue hace como seis años. No me detuvieron porque de última hora hice una serie de negociaciones con mi acusador. En la víspera éste me había demandado por allanamiento de morada. Pero estuve un pelito de ir a chirona. Resulta que meses atrás, mi domicilio fue saqueado por un ladrón del barrio muy bien identificado. Se llevó todo lo que quiso. Y lo que quiso el señor, fue mi equipo de trabajo. Computadora, impresora, cuatro cámaras fotográficas, dos teléfonos celulares. Una lap top. Plumas de valor. Se robó ropa de mis hijas. Y también mis pantalones y camisas. Y un perfume que me había regalado mi amigo el señor Salvador Estrada. No fue todo: dejó desparramado en las habitaciones ropa interior. Era deprimente la escena de ultraje del seno familiar. Para su mala suerte dejó en la escena del robo, una franela que siempre usa. Era una pieza inconfundible. Molesto fui a la autoridad. No pasó nada. No prosperó nunca mi denuncia que integré con todas las de la ley. En el colmo del cinismo de este sujeto, pasaba por la casa vistiendo mis pantalones y camisas. Y dejaba una estela del aroma de mi perfume. No recuperé nada. Solo el susto tuve cuando una tarde me comunicaron que se había liberado una orden de aprensión por allanamiento de morada. Como pude negocié retirando mi denuncia, cambiándola por su desestimiento. Me humillé, me rebajé a una negociación que hice contra mi voluntad. Esa fue la última vez que use el legítimo derecho del ciudadano de denunciar cuando te mancillan un hogar.

Cunde

Hoy esta forma de degradación cunde por desgracia en La Paz hace menos de ocho días en la zona centro, el domicilio del general Alejandro Magallón sufrió un atraco. Los ladrones mancillaron con saña el lugar. Destrozaron muebles y se llevaron todo lo de valor y en especial los recuerdos de ese destacado sudcaliforniano que entregó su vida al servicio de la medicina y a la milicia con un desempeño intachable. Sobre la vergüenza que sintieron sus familiares de ver el hogar destrozado sufrieron el coraje de no recibir la atención de las autoridades. La espera de los encargados parece que todavía continúa. Hago estos comentarios con la clara intención de llamar la atención de quienes deciden que hacer y que no, en materia de seguridad. Y decirles que es de todos conocidos la paciencia de los sudcalifornianos y también la buena voluntad de la comprensión. Se entiende que ahora la seguridad es lo principal. Y en el combate al narco que mata y que vulnera las estructuras familiares, se aplican todas las fuerzas y recursos. Está claro eso, cómo está también que el tema de los saqueos en hogares es una llama viva que está incendiando el honor de muchos. Sano sería señores autoridad que un cincuenta por ciento para un lado. Y el otro cincuenta para otro. Y el argumento que esgrimo es que al fin de cuentas es el cien por ciento se conforma por esa sociedad agraviada.

Vidas Paralelas

¿Locos? ¿Cuerdos? Felices o infelices, ricos, pobres, muy pobres, políticos, aspirantes a serlo, gobernantes. Encumbrados, altos, chaparros, gordos, flacos. Todos cabemos en una superficie de cuatro por cuatro, en el Café de Lupita. Este es nuestro lugar, embarcadero de la nave de la vida, de la nostalgia y el olvido. No estoy hablando del Café de la Opera de París, ni tampoco de la Parroquia de Veracruz. Y mucho menos me refiero a una franquicia del elegante Starbucks. No, es  enca Lupita Camacho. Un café a la banqueta, llamado pomposamente Club de Lupita. Y ahí desde el amanecer, cuando el alba se asoma, se recorre el telón y empieza la función. Un aplauso al paladar. Y con ello se despierta al día. Un café exquisito. Una fórmula mágica que la dueña Lupita, trajo a lo mejor de Palo Bola, de aquellos místicos llanos de Hiray. Sabe a gloria y a lo mejor tiene quiéreme más, porque yo voy desde hace catorce años, de los diecisiete que tiene de fundado. Y fue un primero de junio, cuando abrió sus puertas. Está en el frontispicio del Mercado Bravo. Y correspondió al desaparecido abogado Leonel Castro Cadena, cortar el listón, inaugural. Veinte sillas, dos mesas. Y desde la cinco de la mañana un constante desfile. El Café de Lupita, es visitado por candidatos a todo. Y todos llegan con su sonrisa y los abrazos extendidos, que cuando ganan los recogen y no vuelven a pasar. Así, es la política. ´Pero ni falta hacen, porque llegan en su lugar, pordioseros, boleros, vendedores, magos, cantantes. De todo y para todos. Hasta la Diosa Fortuna llegó hace años, cuando a  los clientes nos desparramó una vaquita de medio millón de pesos, en el Melate.  Los números se acomodaron. Y tómale, le dimos un rozón, a esa diosa engañosa y volátil. Yo pagué la luz, compré una despensa. Y tan, tan. Pero más gracia es, sentarse ahí, sonreírle a la vida. Comentar nuestras penas, nuestras desgracias. Y todos, todos los que ahí vamos,  a quienes la malicia nos apoda Los abanicos, pájaro caído. O el grupo resignación. Como nos llamen no importa. Lo que hacemos es abrir los corazones para la solidaridad, para un consejo. O para una lagrima, para aquellos que se nos fueron, en todos estos años. Miro ahí sentados, como si no se hubieran ido a Don Toño Cárdenas, madrugador infalible. A la sonrisa eterna de don Aureliano López, el silencio sublime del Molote Cota. La chispa de don Pablito Romero .La picardía del Chino Cazares, la charla de Mario Álvarez,  don Ricardo Santos Santos, un gran hombre. Veo a Leonel Castro Cadena, a Lauro. Juan Garciglia, profesor Luis Romero, Octavio El Torito. Al compadre Chicho, José Álvarez, Renato Manríquez, Práxedes Ruiz, Don Ricardo Ruiz, Y muchos más, que mencionaré, cuando la comunidad de esta Logia urbana, me reclame las omisiones. De los vivos, no los menciono, por temor a la memoria, pero les digo señores que somos una familia. Un grupo de soñadores, de filósofos pueblerinos que todavía creemos en lo bonito que es la vida. Que todavía nos emociona el pensar que hay un mañana diferente, donde las cosas cambien, y en donde estemos ahí, saboreando los cambios. Y ¿cómo? Saboreando un buen café, con Lupita. La amiga, la lideresa, la empresaria que ya lleva tres sucursales de este café. Y eso es éxito. Y bienaventuranza. Y la certeza de que se puede lograr un lugar con alma y corazón. (Dedico estas letras para una mujer que en sus mundos siderales, sueña que algún día se casará con su siquiatra la llamaré Amalia, que también es parte de esta comunidad.. Y con esto nos despedimos, deseamos lo mejor. La vida misma. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.


* * *


Anúnciate en Peninsular Digital

 

¿Quires anunciarte en Peninsular Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.