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La happy family

Me refiero hoy al descarado manoteo de recursos en las finanzas públicas del Congreso local

Sumergídos en sus estertores de una muerte largamente anunciada, los partidos políticos grandes en la entidad ( PAN, MORENA,PRI y PRD) están en la cúpula de la desfachatez. La soberbia que muestran en estos días, puede ser su tragedia en los próximos comicios. Conducidos por un reducido grupo están con la falsa creencia de que los votos les llegarán solitos, por obra y gracia divina. Piensan erróneamente que por grandes no pueden ser vulnerables. Pero ¿saben qué? Les tengo la primicia de que la respuesta que darán los votantes a estos partidos no será la que esperan.  Y no será la abundancia de sufragios porque nunca he sabido que las victimas premien y perdonen a sus verdugos. Los agravios de estos partidos a  su militancia son comunes: son los mismos de siempre los que tienen las prebendas. Y ahora las candidaturas. En el PRI se da el cinismo de que aquellos en tiempos atrás jugaron como traidores ahora son los ganones. En el PAN va el mismo equipo que fue beneficiado hace dos años. Ni para despistar jalaron a otras caras. Y este grupo el que va otra vez no se distinguió por su excelencia para servir a sus mismos compañeros de partido que fueron ninguneados por esos próceres que saltaron como changos a otras lianas. Y si no respondieron a su gente menos al ciudadano común que no tiene el mínimo interés de darles el voto. Este agandalle que conforma una Happy Family se suma a la nada remota posibilidad de que crezcan los partidos chicos que traen propuestas interesantes. El clásico cuento de David y Goliat que en las necesidades de un cambio puede ser llamativo para los votantes en especial de esa masa de indecisos que en este momento son mayoría. Ese puede ser el mejor castigado para los dueños de los partidores que creen que la militancia no cuenta. Y vaya que sí. Hay que esperar.

Muletas

Estaban de moda las parabólicas. Eran los finales de los ochenta. Mis hijos chicos, Ely joven. Y yo con un excelente trabajo. Y además, gordo.  Una muestra inequívoca de ese confort. Compré una parabólica, con todo e instalación. Y se hace la machaca. Era un viernes- lo recuerdo muy bien- llegan los técnicos a mi domicilio, casa que también estrenaba: Victoria 872. Y empiezan a trabajar. Eran las tres y media de la tarde. Comí a mis anchas. Antes de mi lirona siesta, llega el técnico. Y me dice “préndale, ándele entre al mundo de la diversión. Lo hago. Y todo el cine para mí. Le pago, se va. Lo despido y regreso a mi recámara. Me acuesto. Y se me antoja una cervecita. Y ahí voy por ella. Pero cuando cruzo la sala diviso afuera la escalera que le facilité al técnico para que subiera al techo. No sé donde estaba mi ángel de la guarda, porque cuando menos acordé ya estaba en el techo, observando donde habían hecho la instalación. De inmediato intento bajar. Pero se mueve la escalera. Y ahí vengo raudo y veloz volando hacia abajo. Mi rechoncha humanidad rebota en el piso. El pie derecho me queda para otro lado. El calcaneo se pulveriza. El golpe me marea. A punto de perder el conocimiento grito a Ely. La pobre intenta levantarme. No puede. Y el dolor me mata. Mi compañero de trabajo era Francisco Javier Sandoval. “Márcale y dile que venga auxiliarme”. Lo hace y en menos que canta un gallo, llega mi amigo conocido como “El Chiquilin”.  Me ve tirado, postrado. Con la pata para otro lado. Suelta la carcajada. “Eso te pasa por andar espiando a las monjitas”. Mi casa colinda con el asilo y la iglesia.

Me sube con mucha facilidad en el asiento trasero. El dolor es insoportable. Vamos con un sobador. Conociendo al Chiquilín como es de comunicativo, le imploro. “Con cuidado Chiquilín, se discreto. Y dice que sí. Y en el primer semáforo, grita a los automovilistas “Aquí llevó a Chávez. Va herido, se cayó de su casa. Andaba espiando”.

El sobador me regresa el pie a su posición. Y aclara: está fracturado. Hasta aquí llego. Me lleva mi amigo al Issste. Tres meses de incapacidad. Me enyesan. El lunes paso a acuerdo con el gobernador don Víctor Liceaga. Le entregó la licencia de incapacidad. La ve y me ordena: a trabajar !qué incapacidad ! Y a darle.

Al mes del accidente, salgo a comer. Me gruñen mis tripas. Voy con las muletas bajando esos diez escalones del primer piso del palacio de cantera. Cuando faltaban dos, por las prisas adelanto las muletas hacia abajo. Y ahí voy otra vez al piso. Sangre de la boca. Y el panzazo que me di, de vez en cuando me duele.

Vidas Paralelas

Me refiero hoy al descarado manoteo de recursos en las finanzas públicas del Congreso local. Ya es fama pública, los privados ostentosos levantamientos de fortunas de quienes son los responsables de sus manejos. Creo que ha llegado la hora de que los ciudadanos conozcamos que está pasando ahí. Llamo a la responsabilidad del   órgano  de fiscalización que  es el único facultado para revisar este manoteo. Pero esta como la Carabina de Ambrosio, sirve para maldita  cosa. Y se debe al marcado y evidente compromiso con los legisladores porque lo designaron desde 2011 y lo ratificaron los mismos diputados hasta 2025 y obvio. No pasa nada. Pero donde si pasa es ante los ojos del ciudadano que extrañados ven levantarse ostentosas fortunas en La Paz y Los Cabos. Y se apegan a esa expresión tan sabia de que el amor y el dinero no se esconden…Y con esto nos despedimos. No olviden: hagan el bien. Y sean felices.


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