Jarabe de pico

Esta no es una historia de amor

En su desempeño gubernamental, el jefe del ejecutivo Carlos Mendoza Davis, ha tenido excelente respaldo de todos los sectores. Esa armonía le ha facilitado la derrama evidente y tangible de obras por doquier.  La buena relación en especial con el sector empresarial a lo largo y ancho del estado es bueno. Y si es así, también favorece a la ejecución de los programas del gobierno. Ha tenido y este es mi comentario de hoy un excelente respaldo del poder legislativo. No se puede negar las expresiones continuas de los legisladores de apoyo y buena disposición. Pero este respaldo es más falso que un billete de 300 pesos. Recuerdo el compromiso público de la legislatura en el Teatro Juárez cuando la diputada Guadalupe Saldaña se rasga las vestiduras ofreciendo al jefe político todo el espaldarazo a las iniciativas que ese día presentó para convertidas en ley para combatir de manera frontal la corrupción. Ahí en ese evento estuvo presente el director general del Instituto Mexicano para la competitividad Juan Pardiñas que fue testigo de honor de ese buen arranque de la intención gubernamental. A la diputada Saldaña casi se le derraman las lágrimas cuando grita voz en cuello “que muera la corrupción. Ni un paso más” ¿Y ? Nada pasó. Solo el Gobernador sacó adelante el propósito que fue aplaudido por muchos, por ser su gobierno el primero en aplicar esta política de transparencia y honestidad. ¿Y los diputados ? Bien gracias. El apoyo que le han dado a CMD ha sido de los dientes, hacia afuera. En el manejo de los recursos hay una opacidad similar a una noche de diciembre. Días después del discurso melodramático de la Saldaña en conferencia de prensa un grupo de diputados entre ellos Camilo Torres, despejó dudas: nunca se sabrá cuanto ganamos. Es un acuerdo de todas las fracciones. Tómale. Ahí estaba esa transparencia y honestidad. Esa es la forma como se solidarizan con un hombre que hace el mejor esfuerzo porque los ciudadanos conozcan donde se están aplicando sus contribuciones.

Cuervo

Esta no es una historia de amor. Tampoco es un pasaje agradable de mi París tobeño. Es el recuerdo amargo de un joven. Una vida que se perdió por la maldad. Y el enfermizo amor. Allá por 1968 llego a la naciente Toba, doña Cristina Romero Geraldo, procedente de  Santo Domingo. De oficio curandera, con recursos económicos de inmediato construyó su casa en la zona norte del poblado. Le acompañaban dos hijos. Una hermosa chica llamada Susana y José. La primera tenía 26 años y José 20. Era una familia normal. Pronto se relacionaron con todas las familias. Y la felicidad perneaba por ese lado. Además los clientes de doña Cristina abundaban. Curaba torceduras, picaduras de víboras, caída de molleras. Empachos, jibaciones. De todo. Y a todos los pacientes les daba salud. Como partera no había otra mejor. Todo normal hasta que llegó de los rumbos de La Poza Grande una mujer muy sensual. Entrada en los cuarenta años, muy simpática y coqueta. Se llamó ¿o se llama? Quién sabe. Rosalinda Peralta Arvizu. Era de la Peraltada de los Comondú, San Isidro y la Purísima. Rosalinda estaba casada con un buzo abulonero Humberto Aguiar conocido por todos como el Cito. Decía la gente que era un matrimonio normal.

Llega esta escultural mujer a la casa de doña Cristina, agobiada por una migraña, mezclada con cólicos y mal de orín.  Y mientras era consultada, Hermelinda observó a José. Se le hizo demasiado guapo. Y el flechazo fue certero. ¿Es su hijo? Sí, se llama José.

Y de ahí pal real. No había semana que la lujosa camioneta Chevrolet Apache no llegara a consulta. Y a los tres meses Linda se le declaró al hijo de la curandera.

– Te amo José.

– Pero señora, usted es casada. Y yo tengo novia. Ando con una de las López.

– Qué López, ni que la fregada. Yo te quiero para mí.

El incidente no pasó a mayores. Pero aún no llegaba lo peor.

Claro que no. Ya en la mente de esa mujer, solo retumbaba el nombre de José. Se armó de valor y pidió separación al Cito. Ambos se repartieron bienes. Y dinero. Para su ventaja a Rosalinda le tocó una casa en Insurgentes. Se cambia junto a su única hija de seis años.

Ya en la Toba intensifica su obsesión. Y persecución a José.

Y éste, noble como era, no cambiaba de opinión.

– No  señora. Yo la respeto. Y no puedo estar con usted. Solo téngame como amigo.

¿Amigos?

– Si señora, solo amigos.

La mente de Rosalinda ya víctima de la perversión y la ceguera, empezó a tramar maldades.

Una de ellas fue entrevistarse con la curandera. Le dijo- tu que curas mal de amores y salaciones, recomiéndame algo para darle al Citó. Sospecho que ya no me quiere. Ya hasta me dejó.

– No juegues con eso, Linda. Recomienda la curandera.

– Ándale, dame una hierbita.

Tanto insistió que le dio una bolsa de toloache seco. Una sola hoja. Como agua de uso cada tercer día- y pronto notarás que crece su amor por ti.

Mala como ya era la mujer, maquinó la forma de que José fuera a su casa- Ayúdame a pintarla. Y ahí vino lo peor. El primer vaso. Otro día el segundo. Al cuarto José perdió la voluntad. La mujer salió triunfante.

Vino la degradación. Ya no entendía nada. No más baño. No más cordura. No se cambiaba de ropa. Descalzo. Y aullaba y graznaba como cuervo. Y la gente lo bautizó así.

El Cuervo, el pobre Cuervo. La mala mujer se regresó a La Poza. El Citó la perdono. La madre de José se sumergió en un mundo de dolor.

Vidas Paralelas

Entre todos los menjuegues, no encontró el remedio para José.

A finales de 1971 la curandera mandó hacer una celda y ahí confinó al Cuervo. Este, el día de Navidad se ahorcó con la cadena con la que lo amarraban.

Al año siguiente esa casa quedó abandonada, Susana se casó con un vendedor de tractores.

En las noches, dicen los que los han visto que en un viejo Pirul, se aparecen una lechuza. Y un cuervo.

*Solo es un cuento con personajes de verdad… Una gran pérdida la muerte de José Luis Cuevas. Descanse en paz…  Y con esto nos despedimos, hagan el bien. Y sean felices.


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