!Levántate Rodrigo! Me gritó mi madre. Interrumpió mi sueño.

Humano

El Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF), trabaja de forma eficiente y oportuna a favor de las familias que viven en vulnerabilidad social, las cuales reciben atenciones que continúan mejorando su calidad de vida, así lo expresó su presidenta honoraria del Sistema Gabriela Velázquez de Mendoza, al comentar sobre los logros alcanzados durante la administración estatal.
La Presidenta señaló que se entrega puntualmente poco más de 18 mil desayunos escolares, con lo que se ha podido beneficiar a 23 mil niñas y niños; impulsando con ello su bienestar y desempeño escolar, así como la economía de familias que viven en escasos recursos.
Agregó que asociado a estas acciones, se logró distribuir 80 mil despensas a más de 16 mil personas con discapacidad, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, así como adultos mayores o ciudadanos que por su situación de vida necesiten de esta ayuda, lo que significa en cuatro años; 433 mil de estos apoyos a cerca de 58 mil sudcalifornianos.
Gabriela Velázquez precisó que, además, el gobierno del Estado ha cumplido con el compromiso de otorgar pensiones humanitarias a personas de la tercera edad, mimas que viven en zonas rurales, donde se ha invertido 2 millones 400 mil anuales, sumando 8 millones de pesos en 4 años de administración estatal y 500 abuelitos beneficiados.
La representante del SEDIF, destacó que la participación de la sociedad ha sido fundamental para mejorar las condiciones de vida de los más desprotegidos, como fue la importante respuesta que se tuvo para el concierto del grupo Timbiriche en marzo de este año, logrando recaudar la cantidad de 6 millones de pesos para la remodelación y construcción de las casas de día para la atención y cuidado de adultos mayores de La Paz y Comondú, previendo extender estas acciones a Loreto y Mulegé en 2020, concluyó Velázquez de Mendoza.

Perro

!Levántate Rodrigo! Me gritó mi madre. Interrumpió mi sueño. Pero obedecí. Y después de darme un baño francés estaba listo. Y a sus pies mamacita. Y ordene usted le dije. Mira ten esos cinco pesos. Y ve a comprarme con don Cirilo un pedazo de hígado para que desayunen tú y tus hermanos. Salí con el frío de frente. Y una brisa que me tapaba el camino. Caminé y caminé. Y llegue a la carnicería. Y ahí estaba ese hombre leyenda. Nada más ni nada menos que don Cirilo Vega. Un hombre misterioso, que llegó de Guanajuato con sus hermanos, cuando nació La Toba. Gordo, bonachón. Con una destreza para matar reses. Y preparar los mejores chicharrones.
Cuando me vio. Me preguntó. Te mandaron por hígado verdad.? Si don Cirilo. Cinco pesos. Eran los años setenta y los pesos valían. Estira su mano gorda y descuelga un hígado gordo que tenía colgado. Con una rápida cuchillada lo parte en dos. Me lo envuelve en un papel café. Ten. Y al agarrarlo siento un gran dolor. Mi mano está atrapada por las horrendas y filosas fauces de un perro gigante. Un monstruo. Un doberman. Me duele. Me lastima. De pronto mi mano empieza a sangrar. Un hilo de sangre escurre entre el hígado, el papel. Y mi mano. Observo que los colmillos de ese perro son de oro. Destellan y se clavan más en mis manos. Y sigue saliendo sangre. Y suelto el pedazo de hígado. Cae al piso. Y el perro con su bocaza se lo lleva a su amo. Y si el can me asustó. El dueño más. Era un tipo horrible. Alto, pistola al cinto. Una mirada infernal. Y unas manos de gigante Y con ellas descuelga la otra parte del hígado. Y agarra otras boferas. Las echa en una bolsa de cuero. Mete la mano a la bolsa de su pantalón, saca unos pesos. Los avienta al piso. Y antes de irse le grita a don Cirilo: nunca más se te ocurra vender el hígado de mi Kaiser. Y se va. Sube al perrón en su camioneta. Y se pierde en la inmensidad de la brisa.
Y ahí estoy yo. Frente a don Cirilo. Sin hígado. Sin los cinco pesos. Y el temor de los cintarazos de mi madre por tardarme.
Del susto don Cirilo pasa a la conciencia. Dame tu mano. La observa. Y ve los efectos de la mordida. Y busca entre sus cosas Encuentra un frasquito de agua oxigenada. Y unos trozos de algodón. Me cura. Y negocia; llévale esto a doña Chole. Dile que no hubo hígado. Un paquete con costillas. Unos huesos para caldo. Y un trozo de menudo.
Mamita no hubo hígado. Y don Cirilo te manda eso. Y al agarrar el paquete. Ve mi manita dañada. Y eso Rodrigo, chamaco del mal con quién diablos te peleaste. De castigo te quedas sin desayunar.
Al tiempo me enteré que ese perro del mal llamado Kaiser. Fue traído en un vuelo especial por su amo don Raúl Chávez. Un millonario regio que compró ranchos, muchos, muchos. Su amor era el perro. Dicen los que fueron sus amigos que el Kaiser muy tierno perdió su dentadura. Y su dueño lo llevó con el odontólogo Leopoldo Garza García. El mejor de Monterrey. Y le puso dientes de oro. Muy filosos con unas incrustaciones de diamantes de 50 puntos Un perro millonario.
El tiempo pasó. Yo miraba con miedo esa camioneta con don Raúl. Y el Kaiser.

Vidas Paralelas

Un día de diciembre de 1969. Ese maldito perro murió. Su dueño. Lo veló como humano. Mandó traer de Estados Unidos un ataúd. Y lo enterró en uno de sus ranchos cercanos a La Toba.
Después don Raúl se fue dejando esparcida su riqueza Y a los años se profanó la tumba del Kaiser se sacó todo el oro de los dientes con todo y diamantes. Una placa que tenía su nombre. Y una larga cadena del mismo metal. Yo sé dónde está todo ese tesoro. Pero mejor me callo.
Lo que se que en las noches frías de diciembre en ese rancho se escuchan unos aullidos infernales… Espero que les guste…Y con esto nos despedimos no olviden: hagan el bien y sean felices.

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