La avasalladora juventud de este hermoso estado, trasciende al mundo.

Honor

La avasalladora juventud de este hermoso estado, trasciende al mundo. Hoy los honores son para una jovencita de oro, Gabriela Agúndez que está dando la sorpresa. Hoy, además de analizar nuestra vida pública, quiero volver a hablar de los logros y el mérito de una joven promesa del deporte sudcaliforniano. Ella se llama Gabriela Agúndez y cuenta con solo 18 años, a pesar de lo cual es hoy una de las mejores clavadistas del mundo. Ya lo demostró en los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados hace algunos meses, donde compitió con lo mejor de la zona y ante oponentes muy experimentadas. A su corta edad logró colgarse la medalla de bronce, pero por su calidad hubo momentos en que parecía que podía lograr la de oro. Pues le comento que este sábado, en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, confirmando su calidad y su excelente preparación, Gabriela Agúndez, volvió a codearse con lo mejor del mundo y representando a México, logró colgarse la medalla de bronce en la prueba de la plataforma de 10 metros, a solo medio punto de la ucraniana que obtuvo el segundo lugar, lo cual puso a México nuevamente dentro del medallero mundial de la justa deportiva juvenil más importante del mundo, en la cual habrá también de participar en los próximos días en la categoría de trampolín de 3 metros y en el Equipo Mixto Internacional. Con esta demostración, la clavadista sudcaliforniana se posiciona para los próximos Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y además como la sucesora de las glorias de nuestra también paisana y medallista olímpica Paola Espinoza.

Jade

Odio volar. No me gusta. Siento que me muero cuando el avión cruza los cielos azules y las nubes regordetas; cúmulos, nimbus. Pero mi destino está marcado, tengo que volar. Soy Juan Fernández Horcasitas ingeniero civil. Hoy, este cabalístico viernes trece salí de Huatulco hacia el DF laboró en Pavimentos del Centro. Mis jefes me llamaron a que rinda cuentas de la obra que estamos haciendo en el aeropuerto. Voy de mala gana. Me repatea subir al avión. Pero hay voy. Pero parece que este sacrificio tiene su recompensa. Me siento en clase premier. El trece, otra vez ! Maldita suerte! Y desde mi asiento ubico un tesoro vivo. Una azafata hermosísima. Blanca como la nieve, cuerpo escultural. Y sus ojos. Esos ojos  color jade. La sonrisa más sensual. Me mira y parece que me electriza. Hola, le digo sin voz, solo con el movimiento de labios. Hola, me contesta. Me engancho en esa espiral de fantasías. Me gusta este momento.

El tiempo corre y el avión despega. Mis miedos empiezan a laborar. Escucho ruidos, son tronidos. Creo que algo falla, abajo en los fuselajes. Pero no, es la imaginación.
A los quince minutos otra vez la veo. Ahí está otra vez esa mujer con esos ojos de sueños. Me extiende el menú para el almuerzo. – ordene, caballero. ¿Qué desea?  A usted, quisiera decirle. Pero no puedo. La prudencia recorre el seguro del respeto.

– Quiero primero que me diga su nombre. Y después me sirve un filete de salmón, a las hierbas santas.

Me llamo, Okeido Amaranto, y con gusto le traigo lo que pidió , pero- disculpe, para que quiso saber mi nombre?

-Porque no puedo enamorarme de desconocidas. Le solté de una vez, la intención
Sentí que se emocionó como yo. De su rostro angelical observe un ligero rubor- ja ja dijo y mostró sus bellos dientes, amarfilados. Y antes de irse me dice: Hace bien. El amor no nace, entre desconocidos.
Después regresa con mi plato, y una copa de vino rosado. Por el sabor creo que es de casa Madero cosecha del 79.
Me vale si es o no es. Yo solo tengo ojos para esa mujer de ojos divinos. Y voz de artista de telenovela.

Disfruto mi salmón y vino. Y la tranquilidad del viaje me da confianza. Hasta disfruto. Los miedos han quedado atrás. Me relajo. Estiró los pies. Siento que este día trece no es para mí de mala suerte.
De pronto siento ruidos en la cabina. Un ruido débil, de un altoparlante se escuchan chillidos.  Y también como que hay forcejeos. Otra vez ruidos y se clarifica una voz – – -señores pasajeros, les habla el capitán Osorno Collado. Les pido calma. Y cooperación. Estamos atravesando por un momento difícil en la nave. No es de alarmarse. El sistema hidráulico ha sufrido un desperfecto. Hacemos todo lo necesario para mantener  el avión en vuelo. Abróchense sus cinturones. Y no se preocupen todo está bajo control.
Ay mamita linda ¿qué pasa? Ya sabía que tanta belleza no puede llegar de golpe. No terminaba de decir eso, cuando el avión da un bajón de golpe. Y otro más. Y otro. Y los pasajeros empiezan a gritar. Los niños lloran. Un viejecito al lado mío se desmaya. El avión ya está sin control. Da vueltas. El pánico se apodera de todos. Truenan cosas.  Y el cielo se pierde y el suelo cada vez más cerca.  Y la caída. El avión se desliza por un maizal. Y el golpe en seco “puf”. Me morí.  Eso creía, pero no. Ahí estaba vivo en una acequia. Enfrente de mí estaba el avión. Bueno lo que quedaba de él. Y adentro cuerpos mutilados. Niños colgando de láminas multicolores. Bolsas para agarrar airé desamarradas. Y ese olor a muerte se introdujeron en mi cuerpo. Un espeso humo negro se deslizaba por ese entorno dantesco.

Nadie más había sobrevivido. Ni la azafata con ojos color de jade. Ella estaba tirada en el pastizal. Sus ojos se habían cerrado.

Quiero morirme. No merezco este destino.

– Señor, señor, Señor. Despierte por favor y tenga esta servilleta, límpiese se le cayó el salmón. Y la copa de vino. Se durmió desde que le serví.

! Maldita, suerte! Este día no es el mío.

Vidas Paralelas

Satisfecha por el placer de servirle a la gente. Así se despide Aracely Estrada Lobato que después de una productiva labor en el Seguro Social en la entidad pasa a su merecida jubilación. Ella fue un excelente enlace con los medios de comunicación. Ahora la releva en esa posición Sara Lizbeth Cuevas. Desde este modesto espacio le mandamos a Aracely un agradecimiento por todas sus atenciones… Y la tristeza y el dolor embarga otra vez a la familia Serrano Castro. Le mandamos un fuerte abrazo al señor Magistrado Rodrigo Serrano Castro por la pérdida del doctor Armando Serrano Anaya. Descanse en Paz y para Rodrigo, un fuerte abrazo…Y con esto nos despedimos desaseando lo mejor. Y no olviden: hagan el bien y sean felices.

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