Ignacio Bañuelos Cabezud fue un gran periodista de este estado.

Destino

Ignacio Bañuelos Cabezud fue un gran periodista de este estado. El constructor de la comunicación. Y sobre él hablé al entregarse por parte del gobernador el andador que lleva su nombre. Les comparto: El destino de los pueblos
Pertenezco a un pueblo noble que tiene memoria y tiene destino. Y hoy escudriñando el pasado y de manera imaginaria encontré aquí una cápsula del tiempo. Y adentro está un texto: escrito con el estilo dado a los grandes. Breve, conciso. Y preciso: mi lucha a favor de la libertad no fue en vano: Ignacio Bañuelos Cabezud.
Y de este ilustre periodista hoy vengo a referir su grandeza. Un elemento para entenderlo mejor es conocer algo de su vida:
Don Ignacio Bañuelos Cabezud nació en 1878 en Ameca Jalisco y murió en 1959, en esta ciudad que tanto amó y defendió. Estudió dibujo y pintura en la prestigiada academia de San Carlos en la ciudad de México.
Llegó a esta tierra en I902. Y aquí ejerció con amor y pasión el periodismo, educador en los principales centros educativos. Y cómo servidor público fue responsable de la imprenta del gobierno, en diversas ocasiones. Y delegado interino de gobierno. Y antes de morir trascendió como líder político.
Dueño y fundador del periódico el Eco de California el que sacó a la luz el 14 de julio de 1912 el primer director de este órgano informativo fue Félix Ortega Aguilar quien al año siguiente encabezó a los revolucionarios en contra de la dictadura huertista.
Y este este medio trasciende a la sociedad por su valor, tiraje amplio y por exaltar la cultura.
Pero la felicidad no es eterna. Y siempre se tiene la acechanza de los tiranos. Y uno de ellos el gorila Carlos M Esquerra ordenó destruir su imprenta para acallar así la crítica contra su administración craso error porque las ideas, no se asesinan con el golpe cobarde o el marro que destruye.
Bañuelos Cabezud, fue el sembrador del periodismo sudpeninsular.
La vida de Bañuelos Cabezud, forma parte de esa cadena de epopeyas que relampaguean en este terruño desde El Centinela en 1854 hasta los nombres de Carlos Morgan, Tomás Limón, Francisco Javier Casasola, Dominga G de Amao y Francisco King.
Todos nos han enseñado que este oficio es necesario para el desarrollo de la democracia y tiene un papel fundamental en el funcionamiento del Estado de derecho porque nos corresponde ejercer de observadores permanentes de las instituciones y denunciar posibles abusos de poder. Tener acceso a la información es un derecho básico. Por eso, una sociedad libre necesita una prensa independiente que permita a los ciudadanos conocer en todo momento lo que sucede en su entorno para actuar en consecuencia.

Jade

Odio volar. No me gusta. Siento que me muero cuando el avión cruza los cielos azules y las nubes regordetas; cúmulos y nimbus. Pero mi destino está marcado, tengo que volar. Soy Juan Fernández Horcasitas, ingeniero civil. Hoy, este cabalístico viernes trece salí de Huatulco hacia el DF. Laboro en Pavimentos del Centro. Mis jefes me llamaron a que rinda cuentas de la obra que estamos haciendo en el aeropuerto. Voy de mala gana. Me repatea subir al avión. Pero hay voy. Pero parece que este sacrificio tiene su recompensa. Me siento en clase premier. El trece, otra vez ! Maldita suerte! Y desde mi asiento ubico un tesoro vivo. Una azafata hermosísima. Blanca como la nieve, cuerpo escultural. Y sus ojos. Esos ojos color jade. La sonrisa más sensual. Me mira y parece que me electriza. Hola, le digo sin voz, solo con el movimiento de labios. Hola, me contesta. Me engancho en esa espiral de fantasías. Me gusta este momento.
El tiempo corre y el avión despega. Mis miedos empiezan a laborar. Escucho ruidos, son tronidos. Creo que algo falla, abajo en los fuselajes. Pero no, es la imaginación.
A los quince minutos otra vez la veo. Ahí está otra vez esa mujer con esos ojos de sueños. Me extiende el menú para el almuerzo. – ordene, caballero, ¿qué desea? A usted, quisiera decirle. Pero no puedo. La prudencia recorre el seguro del respeto.
– Quiero primero que me diga su nombre. Y después me sirve un filete de salmón, a las yerbas santas.
Me llamo, Okeido Amaranto, y con gusto le traigo lo que pidió, pero- disculpe, para que quiso saber mi nombre?
-Porque no puedo enamorarme de desconocidas. Le solté de una vez, la intención
Sentí que se emocionó como yo. De su rostro angelical observé un ligero rubor- ja ja dijo y mostró sus bellos dientes, amarfilados. Y antes de irse me dice: Hace bien. El amor no nace entre desconocidos.
Después regresa con mi plato, y una copa de vino rosado. Por el sabor creo que es de casa Madero cosecha del 79.
Me vale si es o no es. Yo solo tengo ojos para esa mujer de ojos divinos. Y voz de artista de telenovela.
Disfruto mi salmón y vino. Y la tranquilidad del viaje me da confianza. Hasta disfruto. Los miedos han quedado atrás. Me relajo. Estiró los pies. Siento que este día trece no es para mí de mala suerte.
De pronto siento ruidos en la cabina. Un ruido débil, de un altoparlante se escuchan chillidos. Y también como que hay forcejeos. Otra vez ruidos y se clarifica una voz – – -señores pasajeros, les habla el capitán Osorno Collado. Les pido calma. Y cooperación. Estamos atravesando por un momento difícil en la nave. No es de alarmarse. El sistema hidráulico ha sufrido un desperfecto. Hacemos todo lo necesario para mantener el avión en vuelo. Abróchense sus cinturones. Y no se preocupen todo está bajo control.
Ay mamita linda ¿qué pasa? Ya sabía que tanta belleza no puede llegar de golpe. No terminaba de decir eso, cuando el avión da un bajón de golpe. Y otro más. Y otro. Y los pasajeros empiezan a gritar. Los niños lloran. Un viejecito al lado mío se desmaya. El avión ya está sin control. Da vueltas. El pánico se apodera de todos. Truenan cosas.

Vidas Paralelas

Y el cielo se pierde y el suelo cada vez más cerca. Y la caída. El avión se desliza por un maizal. Y el golpe en seco «puf». Me morí. Eso creía, pero no. Ahí estaba vivo en una acequia. Enfrente de mí estaba el avión. Bueno lo que quedaba de él. Y adentro cuerpos mutilados. Niños colgando de láminas multicolores. Bolsas para agarrar aire desamarradas. Y ese olor a muerte se introdujo en mi cuerpo. Un espeso humo negro se deslizaba por ese entorno dantesco.
Nadie más había sobrevivido. Ni la azafata con ojos color de jade. Ella estaba tirada en el pastizal. Sus ojos se habían cerrado.
Quiero morirme. No merezco este destino.
– Señor, señor, señor. Despierte por favor y tenga esta servilleta, límpiese se le cayó el salmón. Y la copa de vino. Se durmió desde que le serví.

! Maldita, suerte!. Este día no es el mío…Y con esto nos despedimos no olviden: hagan el bien y sean felices.

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