Crimen

Hay condena popular contra la Comisión Federal de Electricidad

Mientras que la violencia con sus oleadas mortíferas, no toque las puertas de nuestros senos familiares, seguiremos emitiendo cada vez qué hay muertos, leves y discretas expresiones de lamentos. Pero cuando nos toca y nos masacran un hijo, hermano o padre, ya miramos con otro matiz el problema. Entonces tenemos dos segmentos, los que ven desde lejos los toros de la barrera, con asombro, pero sin dolor. Y el otro el del luto y la tragedia. Esto es real, como lo es también que otro cáncer que va a la par con las matazones, es el robo salvaje, directo a las personas, a los domicilios y al patrimonio. Se roba las 24 horas del día. La constancia de atracos sube. Ya es común que las familias son agredidas por delincuentes que ya sin pudor llegan a los domicilios y hasta en pleno día son robados. Llegan quiebran vidrios de los  carros, se roban las copas, defensas, espejos. Y lo qué hay adentro. Los ladrones en su mayoría son consumidores de enervantes, que les vale lo que hacen. Pobre de aquel ciudadano que les reclame. Y no se diga si hay llamados a los cuerpos policiacos. Si los llegaran a detener a la vuelta de la esquina los sueltan. Y estos en venganza aumentan la violencia en contra de quienes los denunciaron. Esto pasa y duele. Y nada se hace para revertirlo. Por eso creo que dentro del gran aparato del combate al crimen se abra un gran rubro al robo. Lo digo porque esto está causando estragos gigantescos en la entidad. Hay tiempo de hacer algo todavía.

Mandarina

Mujer callada. Nació muda. Tiene hoy unos sesenta años. Lucha todos los días por la sobrevivencia. Se llama María. Y es mi amiga.

La conocí hace diez años. Y siempre que la veo me saluda. Con sus manos y quejidos me pide una moneda.

Camina, camina. Busca para la comida. La gente la agrede. Ella aguanta. Y sonríe a la agresión.

Ayer me la encontré como muchas veces. Me sorprendí: la vi limpia. Una blusa nueva. Peinada. Y su permanente sonrisa.

Estaba a la entrada del 0xxo. Con la mano le hice señas que al regreso le daría mi ayuda.

No tardé. Al llegar me extiende una bolsa grande repleta de mandarinas. A mí vez le entrego mi aporte.

Y le pregunto con señas.

¿ y esto?

Tuyo. Es tuyo. Me dice con su lenguaje.

¿Cuánto? Le respondo y contesta:

Nada, nada, son tuyas.

Agarro de mi bolsa más monedas. E intento dárselas y las rechaza. Y otra vez: tuyas, tuyas.

Me retiro. Y al subir al carro la observo. Ella en lo suyo. Y bajo de sus pies varias bolsas con mandarinas.

Un ser caritativo se las ha de haber regalado.

María, camina todos los días en busca del bocado. Y ayer me compartió su pobreza.

La mandarina más rica que he comido.

Vidas Paralelas 

Hay condena popular contra la Comisión Federal de Electricidad que de manera felona se ensañó cortando el fluido eléctrico al Municipio. Y lo hace con saña, pese a que se le abona. Esta es la reacción de una Federación arrogante. Ante los poderosos se muestra sumisa, condonando billones de impuestos. Y con los pobres toda la saña… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. La vida misma. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.


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