Ceguera Entre Luces

Veintitrés horas con cero cinco minutos, a ese tiempo del pasado viernes 22 de noviembre, salí del vestíbulo del teatro de la ciudad de La Paz. ¡Qué importaba si me dolían o no mis pies antes fracturados! Eran poco más de las once de la noche y no sabía cómo explicar lo que mi cuerpo sentía.

Independientemente que al escribir la presente empiezo a sentir nuevamente el dolor de mis pies ahora cayendo hacia el piso cuando debería están tratando de tocar el cielo para ayudar a que la sangre se agolpe en otro lugar que no sea en esos pies y dedos aún lastimados, pero debo escribir, lo que seguramente mañana ya no será el mismo sentir de las cosas transcurridas esta tarde y parte de su noche.

Después de haber iniciado el lunes pasado un curso con un nombre extraño, coordinado por la maestra Calafia Piña, en el cual para iniciar nos dio una lectura de un texto largo, con contenido aparentemente tedioso y agresivo. Siguiendo respetuosamente sus instrucciones nos dimos a la tarea de analizarlo de manera general identificando el mensaje que guardaba el texto inherente a: “la transacción” a que todos estamos sometidos de forma consciente o inconsciente, para de ahí obtener lo que ella denomina un “gesto teatral”, vinculándolo al tema central del texto, siendo el  gesto igual a un mensaje llevado a la actuación, donde mostramos al espectador el cómo todos damos algo, lo que sea para obtener algo, lo que sea.

Mi gesto lo enfoque a una acción que debería ser un proceso natural para todos, incluyendo a personas invidentes, fue un intento por demostrar al espectador lo dañado que está todo lo concerniente a los espacios, a la infraestructura que la sociedad construye, sin realmente tomar en cuenta la necesidades de éstos, sin adaptarse a ellos.

El jueves de la misma semana, entre un vaivén de ideas hubo considerables cambios, lo que llevó a desaparecer mi gesto inicial, en virtud de haberse cambiado la idea de lo que habría sido el escenario original; lo que en un principio se decidió que sería un parque, ahora formaríamos parte de una exposición de pintura y escultura en el vestíbulo del Teatro de La Ciudad de La Paz, en consecuencia mi gesto no se presentaría en virtud de que el escenario “no era adaptable para mi gesto”.

Noticia nada agradable para lo que yo quería mostrar, creo que se notó mi actitud porque en pocos segundos la idea saltó: “serás una visitante más, con tu papel de invidente”, eso para mí resultó fabuloso, retornaba a la oportunidad de volver a estar un poco en los zapatos de las personas que si bien no pueden ver a través de sus ojos, tienen otras formas de ver, incluso aquello que una persona común no mira.

La idea era preguntarle a los asistentes lo qué opinaban de la pintura y solicitarles si me la podían describir, mi intención fue percibir y mirar su reacción; esto se basó en una de tantas preguntas que me he hecho en estos últimos años ¿Por qué las personas con alguna discapacidad poco asisten a éste y otros tipos de eventos de arte y cultura? Tal vez, sólo tal vez poniéndome en el lugar de ellos, podría comprender, y si tal vez, encontrar una posible respuesta.

Llegó el viernes, día de la presentación con mi ajuar listo, llegué a las 18:10 horas, al vestíbulo del Teatro, lugar donde sería la representación. Casi desde que entre al espacio de la exposición inicié mi  actuación como invidente, al principio cometí dos errores, me hablaban por mi nombre y yo contestaba; agarré bien la idea y empecé a cuidar esos detalles, ahí tuve mi primer aprendizaje, no era fácil representarlos, no era fácil convencer a los demás, no era tan fácil caminar con unos lentes que poco me dejaban ver a cierta distancia.

Cuando el evento inició formalmente di mi primer vuelta por la exposición en mi papel de invidente, les pregunté a dos de las asistentes que resultaron ser pintoras de acuarela, sobre qué era lo que estaban viendo, me contestaron bien, pero entre otros puntos me hicieron notar que la pintura no se toca, porque aunque tuviera limpias mis manos había grasa natural que las dañaba, de ahí no hubo más comentario de parte de ellas.

Poco más lejos alguien comentó que aunque fuera invidente eso no me daba derecho a maltratar la obra, escuché que decían que la rasgaba; estoy completamente segura que únicamente use la palma de mis manos, lo que me permitía sentir el material sobre el cual se pinto la obra; usé mis manos sólo para sentir las obras que tenían relieve; es decir no toqué todas las obras, debido a que algunas estaban protegidas con vidrio y otras como dijeron las pintoras no se debían tocar; de momento no toqué la única escultura que veía, no me atreví a hacerlo. Fue un aprendizaje más, si yo no me atreví que ando en el medio, entonces ¿cómo convencer a otros que a diario viven no únicamente la indiferencia sino también una especie de desprecio?

Seguí caminando, una chica amablemente me dijo que me podía guiar y me llevó entre las pinturas de la expo, había caras conocidas yo pasaba a un lado de ellos sin voltear a verlos se creía que no los veía; así anduve un rato, luego me fui a sentar en los únicos sillones que había y coincidentemente quedaron frente a la mesa de los bocadillos.

Segundos después, llegó una persona que reconocí, un pintor y escultor de fama reconocida en el estado y más allá de las fronteras de México por sus meritos como artista plástico, se acercó, se hincó respetuosamente frente a mí, disculpándose y preguntándome: discúlpame lo que voy a preguntar ¿me puedes decir tu nombre? Le contesté lo que pedía, y él dijo con angustia: ¡No, no, no puedo creerlo! Se notaba que sufría, tomó mi mano derecha con suavidad y empezó a hablar con mucho sentimiento, tanto que noté que casi lloraba, yo también sentí deseos de llorar, con su voz quebrada, habló y siguió hablando tantas cosas respecto a que sentía mucho, mi situación; él preguntaba si me estaban viendo algunos médicos, si me podía ayudar en algo; refirió a un curso que dio a personas invidentes; me ofreció ese curso, lo dijo de corazón, lo noté dirigiéndose hacia mi persona desde su alma, con mucha sinceridad y al mismo tiempo lamento. Continuo hablando sin soltar mi mano, me contó lo que ha hecho con grupos de débiles visuales y como dieron grandes logros.

Aproveché para hacerle ver mi sentir, pensé que era el momento oportuno y que él podría ser un buen portavoz para sus compañeros, mencioné algo que lo sorprendió porque le dije que el arte y la cultura marginaba a las personas, que jamás hubiese creído el nivel de excluyentes que son, que tenía que vivir esa situación para poder entender el porqué en los eventos de ese tipo y similares poco, muy poco encontraba personas con capacidades diferentes; que se limitaban, o tal vez son obligados a limitarse a acudir a esos eventos debido a los obstáculos de la propia infraestructura, pero lo peor, era la actitud de los demás ante ellos; una actitud que llega a lastimar, referí lo que había escuchado pocos minutos antes, él apretó un poco mas mi mano y habló con angustia, prometió varias cosas, ofreció ser mi guía en el momento que se lo pidiera.

No parábamos de hablar, yo insistía que aunque él no fuese como otros, era algo que no terminaba de explicarme, ese hecho de que pintores, escultores, la gente de arte y cultura que se cree se desenvuelven en un ambiente de total apertura e inclusión, finalmente terminan siendo los más excluyentes, porque hacen sus obras pensando en muchos pero no en una parte muy importante de la sociedad que también desea tener el disfrute de las bellas artes, pero no pueden, y no pueden no porque en sí ellos no sean capaces de poder disfrutar; esas personas no pueden porque se lo impedimos. ¿Cómo? Me preguntó. Bueno, aparte de que ya había referido a los comentarios de las personas, no existían accesos apropiados para poder entrar al vestíbulo, ni una rampa para personas con piernas débiles, cansadas, o con silla de ruedas, que a los invidentes o personas con muletas el acceso también  se les dificultaba, aunado a que existen pisos deteriorados, fracturados que provocan que las personas que se apoyan en algún equipo o accesorio para desenvolverse fuercen aún más a su cuerpo para poder salir avante de esas barreras físicas ajenas a ellos, y eso únicamente por decir un ejemplo.

La muestra estaba en esa exposición, donde no había nadie en silla de ruedas, aparte de mi no había ninguna otra persona con capacidades diferentes, porque eso no se adaptaba a ellos. Referí a muchas acciones que debemos y tenemos que hacer o por lo menos de lo que me venía a la mente, él lloró y yo contenía el deseo de llorar, no era nada agradable esos momentos, el saber que ese hombre sufría por una situación que no era real en cuanto a mi persona, pero si real, en cuanto a tema tratado; tenía que hacerlo, el objetivo era tocar fibras que ayuden a sensibilizarnos de una realidad existente y muy poco atendida, mucho menos resuelta.

Me volvió a ofrecer si yo gustaba con mucho gusto me guiaba en la exposición y me explicaba lo que estaban presentando, di las gracias y comenté que después le tomaría la palabra, se fue a atender otras personas; aproveché y me paré sin que me viera y alguien más fue mi guía amablemente me conducía; luego pregunté por una pintura que “me  habían comentado que contenía aves y mucho color”, la chica que me guiaba me llevó hasta esa imagen, ahí estaba una poeta observando la imagen, le pedí que si me podía describir la pintura, fue amable, pero no me describió realmente el cómo eran las aves, para ser poeta pensaba yo, le faltó mucho, pensaba eso y más al tiempo que la escuchaba: Le faltó mucha descripción de la obra, fue amable sí, pero percibí profundamente que mi presencia le cortaba el objetivo de su estancia ahí, la sentí que la limité en el disfrute de la exposición, aún cuando me guió unos minutos con calma, era mucho pedir para mí.

Al poco tiempos de que fue mi guía, nos fuimos acercando a la obra que exponía el artista plástico que me abordó anteriormente, él nos vio y se acercó a nosotras, nos explicó su obra y el mensaje que contenía, me pidió que preguntara sobre su obra lo que yo quisiera, y que la tocara todo lo que quisiera, que no me limitara, Me pareció un hermoso mensaje lo que contenía el cuadro, hablaba de la libertad (una jaula vacía con la puerta abierta y unos personajes fuera de ella); mientras él hablaba yo pensaba, ¿quién es realmente el que está encerrado en la oscuridad, la gente que no piensa en el bien de la gente, o la gente que está impedida para ver físicamente a esa gente? No dije nada, sólo continué escuchándolo; al termino de su exposición me acompañó a sentarme en los anteriores asientos, las personas que para entonces los ocupaban, gentilmente me hicieron un espacio.

En sí, hubo quien me miraba como un ser fuera de lugar, lo sentí y lo miré; así fue como comprendí otro punto más, entendí en parte porque las personas con alguna capacidad diferente no asisten a ese tipo de eventos. ¿A qué ir? ¿A que los traten como algunos me trataron a mí? Gente que al ir yo pasando no se hacía a un lado, aclaro fueron los menos.

Hubo también quien acercándose a mí, me pidió que tocara su escultura, la describió, me ofreció libertad para explorarla, yo fascinada de esa actitud, luego supe que tenía problemas de visión que van en incremento, comprendí el porqué tuvo tan grande y preciado regalo para ésta escribiente; fue un regalo que sin él saberlo tomé y aprecié por aquellos que tal vez algún día asistan y se encontrarán con un escultor de la talla de él, o del maestro Olalde, que gentilmente no pensaron en el daño que alguien invidente pudiese causar a su obra.

Al momento del brindis, la gente se amontonó a unos centímetros de donde me mantenía sentada, nadie tomó precauciones para no lastimarme, ahí fui una persona más que prácticamente estorbaba el paso, nadie me ofreció un bocadillo, ni bebida, excepto mi amigo y guía en el evento, su actitud siempre correspondió a la de un verdadero hombre de bien, a pesar de que para entonces él ya sabía que yo si veía. Entonces tuve un siguiente entendimiento: solo una persona invidente sumamente atrevida, con toda la seguridad en sí misma, podría levantarse y abiertamente pedir al público le diera una copa o vaso de alguna bebida, así como bocadillos; o bien intentar por sus propios medios buscarlos con las consecuencias nada gratas que seguramente tendría en esos espacios desconocidos, reducidos y llenos de gente arremolinada, metiendo mano para alcanzar algo en la degustación.

Puedo decir que tuve momentos de seria oscuridad, una oscuridad que únicamente la produce el apagón de los sentimientos ante situaciones como las que éstas fabulosas personas viven y enfrentan día con día, a pesar de que banquetas, calles, transporte público y sus operadores, diversos medios de acceso, incluso algo grave, las propias instituciones de educación con sus enormes escalones y sin rampas apropiadas para ascender a otros pisos les ofertan.

Algo más que ignoro si es peor que lo anterior, sólo sé que se les excluye de un derecho constitucional, refiero al “derecho de votar y ser votado libremente”, me refiero a las barreras para ejercer algo sumamente importante para los que buscan un estado de derecho, es decir el derecho a votar, es un acto de responsabilidad y derecho de todo ciudadano mexicano ejercerlo, pero ¿cómo lo podrían hacer “libremente” quienes se basan en lectura a través del tacto en una lectura no programada para ellos los también ciudadanos mexicanos? Son estas mismas personas, las inconscientes quienes se enfocan a preguntar ¿cómo saben cuando su trasero está limpio? Eso que tiene una respuesta válida e inmediata, les resulta de mayor relevancia que todo lo anterior, una sabia respuesta que dan es: ¿acaso los videntes tienen ojos en el trasero? Nadie lo deja tan limpio como cuando se asean con agua y jabón, además la suciedad se percibe aún cuando no se vea, ¿acaso tú no la percibes? Yo sí.

Esta es parte de la vida de tan valerosas personas, la sociedad en su indiferencia, que creo yo, se debe a que ignora los hechos reales que tienen que afrontar, se les complica, se les limita, los excluye en extremo. Todo esto en su conjunto me lleva a pensar que existimos más videntes invidentes.


* * *


4 Responses to Ceguera Entre Luces

  1. Zulett 04/12/2013 en 12:26 PM

    Que fabuloso y triste a la vez su experiencia, porque nos ayuda a confirmar lo poco sensibilizados que estamos y/o somos referente las personas con capacidades físicas limitadas y no vemos nuestras incapacidades humanas. Me tocó escuchar a algunas “autoras de obras” en esa ocasión comentando o más bien criticando el que usted, una “invidente” estuviese tocando las obras! Yo también pensé “que no se supone que los ARTISTAS de éste tipo son muy SENSIBLES”? Pero al fin y al cabo todos tenemos esa partecita de excluyentes cuando tenemos que “batallar” o “adecuarnos” a las personas que “según nosotros no son iguales a nosotros” y eso es cierto, ellos son por mucho MEJORES SERES HUMANOS que muchos de nosotros! Felicidades Fabiola por abrirnos los ojos a varios! DLB

    • Fabiola 05/12/2013 en 2:26 PM

      Gracias Zulett. Esto es parte de una enseñanza, hoy nos toca aportar lo que si podemos aportar en bien de todos.

  2. Calafia 04/12/2013 en 3:32 PM

    Querida Fabiola, muchas gracias por tu escrito, aquí te dejo este enlace. Espero lo disfrutes mucho! abrazos!! Cal

  3. Elti 06/12/2013 en 11:45 AM

    que bonito lo redactaste todo, que chingón!

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