Camión

Jesús era muy enamorado

Jesús era muy enamorado. De oficio camionero al servicio de Casa Cota. Y se me olvidó decir que era muy terco. Eran los setentas de esta somnolienta tierra que ves, el 18 de diciembre un hotelero loretano compró un camión de cemento y el contrato de transporte se lo dieron a Jesús. El 19 por la madrugada fue por su bendición con su madre. “Dios te bendiga, y ahora si llévate un chalán que te ayude. Si madre. Pero en sus adentros pensó. Me lo llevo pura madre. Y se enfiló hacia el norte. Al mediodía cargó gasolina en la estación de Eliseo Santana en el Valle. Al llenar los tanques, le mordió el gusanito del placer. Bien me merezco un trago y una buena mujer. Dio reversa al camión y se internó en esa polvosa ciudad hasta llegar al Balalaika. Estacionó su carga hacia el sur. ¿Sería alguna premonición? No sé, solo creo que traía sed y deseos de pasar un buen rato. El gastarse unos pesos y después proseguir su camino A sus órdenes caballero. Usted manda. Dijo con sensual acento doña Gloria, la madame del lugar. Y este atrabancado cual es, le dice “quiero las mejores”. ¿Dos mujeres interrogan?  Gloria. No, la mejor mujer. La mejor botella. Y el que paga manda, le colocó a su diestra a Hortensia, un mujerón. Era de Mochis. Y era la mejor, sin duda. Y una botella de Ron Potosí. Obviamente reposado. Jesús y Hortensia bebieron y bebieron. A las once de la noche, entre sueños etílicos, Jesús se acordó de su compromiso. Me voy, dijo aventando a Hortensia, Y ella clamó, No te vayas, ya es noche, estás muy tomado. Tomado mis huevos. Me voy porque me voy. Y si quieres vente conmigo y mañana te retacho. Y la convenció.

Una acelerada al camión. Y vámooooonos. Se subieron  la Transpeninsualar hechos la mocha. En la Ye de Insurgentes, por poco se estrellan en el Monumento a los Héroes de la Independencia. Hortensia se asusta. Y empieza a gritar. Bájale, bájale papacito, que nos vamos a matar. Y de la paciencia pasó al enojo, cuando vio a su compañero ocasional echarse varias pestañadas. ¡ No te duermas Jesús. No te duermas! Gritaba Hortensia. Pobre mujer desesperada. Con el rímel y el colorete corridos por las lágrimas iba del grito al sollozo. Pero Jesús ya no escuchaba. A cada grito un acelerón. A cada sollozo un cachetadón a la dama. Ya el camión era incontrolable. Y en el ambiente la muerte se asomaba. Y a lo lejos los aullidos de zorras y coyotes matizaban esa oleada siniestra. A ciento treinta, ciento cuarenta y más kilómetros al llegar a la primera curva de Ligui el camión dio el primer chicotazo en el cerro. De ahí al vacío. A las doce en punto ni un segundo más. Se escuchó un golpe en seco; flop. En la cabina la muerte con su trinche no pudo recoger nada. Lo más completo era un brazo de Jesús colgado de la puerta. De Hortensia nada.

 Nada solo una masa amorfa de sangre y de cemento.

 Y cuentan los rancheros que hay noches que ahí se aparece ese camión tripulado no por Jesús; sino por el mismo diablo.

Muertos

Antes de que Jesús fuera crucificado todo fue un proceso de dolor y un ejercicio  indebido del poder. Esto se  conoció como la era de los cuarenta días. Unos días tristes. Pero cuando resucita todo se transforma y aquello se convierte en sublime. Así me pasa con mis muertos. Cuando murió mi madre María Manuela mi dolor no me permitía ver más allá de la impotencia. Cuando se me van mis hermanos Lalo y Heriberto. La incredulidad no me deja despedirlos. Y al morir paulatinamente mis amigos aparte de irme muriendo poco a poco con ellos, también voy entendiendo el valor sagrado de la muerte. Y concluyo que esto solo es una espera.

 De parte de ellos Mamacita. Ahora si me cayó el veinte.

Vidas paralelas 

Con una gran afluencia de visitantes transcurrió ayeres en los panteones municipales,  con motivo de las celebraciones del “Día de muertos”, las instancias municipales como la Policía Preventiva y Tránsito Municipal, el Organismo Operador de Agua Potable, Servicios Públicos, Inspección Fiscal trabajaron intensamente para brindar buen servicio y mantener estos espacios en buenas condiciones… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. No olviden: hagan el bien. Y sean felices.


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