Blanco y Negro
Raúl Zavala
Lo reconozco: me venció el hambre. Claudique: me gano el dinero. De plano, ya me vendí.

Pero el señor Díaz me hizo una oferta que no pude rechazar. Lo siento mucho. Aguanté diez años.

La oferta fue tentadora. Muy tentadora. Una suite de lujo en el nuevo asilo San Vicente de Paúl. Tele de color. Cable.

El señor Díaz desea, de buena fe, que mis últimos días sean días felices y sin problema alguno. Lo agradezco.

La oferta incluye, llegado el caso, ataúd de caoba, reforzado, con bisagras doradas. Un buen velorio y café de primera.

Así que, ya no más chaparro, peso pulga, armandititito, la cosa, LADrón, ni cosa que se le parezca.

En lo sucesivo el señor Díaz será: alto, inteligente, el hombre ideal para gobernarnos. Y es que no hay otro.

Ni modo. La carne es débil. Y, como les digo, fueron diez años. Si de milagro los aguanté
.

Y, si se animan, pues nos volveremos a leer el martes. Ya no será lo mismo, pero espero que me comprendan.

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