En una iglesia de Iztapalapa, están dos urnas

Amor

En una iglesia de Iztapalapa, están dos urnas. Son las cenizas de dos seres que se aman, más allá de la muerte. Son María Eugenia Díaz del Moral y Lauro Aguilar de la Mora.

De la misma edad e hijos de dos destacados compositores. Ella del famoso mundialmente Juan Díaz del Moral, autor de “Allá en el Rancho Grande” y  “La Sandunga”.

Fueron extras en la película del mismo nombre.

Allá en el Rancho Grande es una película mexicana de drama romántico dirigida por Fernando de Fuentes y protagonizada por Tito Guízar y Esther Fernández. Se le considera como la cinta mexicana que inició el «cine industrial mexicano» que redundaría en la llamada época de oro del cine mexicano, y como la película que inició la denominada «comedia ranchera».

Enamorados desde la niñez, hasta la juventud.  Pero el destino los separó. Y ambos se fueron por caminos y con personas diferentes.

Después de cumplir cuarenta años de edad, ese destino caprichoso otra vez los junta. Y unidos dan forma a una vida de amargos y dulces momentos.

Convertido en el hombre más cercano al poder presidencial del 1 de diciembre de 1970 – 30 de noviembre de 1976. Y lo era porque cuidaba su vida. Y lo salvó muchas veces de atentados. Ese poder lo usó para servir. Una vez me confió “Fui la agencia de empleo más efectiva”.

El amor seguía fluyendo en la pareja. Y aunque decidieron no tener hijos, su tiempo disponible lo aprovecharon para hacer servicio social entre los más necesitados.

Culminó el gobierno de Echeverría. Y Lauro pide su jubilación e instala un restaurant en el centro de la gran capital. Ahí empiezan los problemas de salud. Los dos con problemas cardíacos, serios.

Sus médicos les aconsejan buscar otro espacio para vivir. Y cerca del mar.

Llegan a BCS

Así llegan a La Paz, en 1980. Este paraíso les asienta. Y a Lauro le permite ejercer la profesión para la que estudió en la famosa Academia La Esmeralda. Pintar. Es extensa su obra sobre paisajes sudcalifornianos.

En estos tiempos el Senado norteamericano le concede el honor de pintar las galerías de los expresidentes.

La fama lo arropa y lo lleva a instalarse en California donde crea un estilo que agradó a sus clientes la de grabados en piel.

Otra vez el destino le cobra. Y los problemas cardiacos se agravan. En 1990 retorna a La Paz. Y de aquí al DF donde se le opera del corazón. Y se le instala un aparato que le ayuda a la circulación,  de la sangre.

Después de sortear los problemas de salud, la diosa fortuna les sonríe. Apoyado por su María Eugenia del alma, dan vida a un largo y acariciado sueño: era el de crear un comedor para dar atención a miles de pobres.

Con el respaldo del regente Fernando Espinoza Villarreal, lo logran y cobrando solo diez pesos por comida completa.

Hacen un buen capital. Y con el fin del gobierno de Espinoza se cierran los comedores.

Con su buen capital, se cambian a Veracruz y radican cerca de la familia de María Eugenia. La felicidad, otra vez se trunca. Un grupo de secuestradores se llevan a un nieto de María Eugenia. Y piden 500 mil dólares, por su entrega. Lauro, que fue un experto en seguridad, hace hasta lo imposible por resolver el problema. Nada logra. Y a pagar.

Pobres, enfermos y con ganas de vivir, retornan en el 2004 a La Paz.

Como pueden y uniendo las pensiones y usando las regalías que le heredó el padre de María Eugenia de las famosas canciones “Allá en el Rancho Grande” entre otras más, sobreviven.

Pero el amor no acaba. Siguen más unidos que nunca. Ella además del corazón padece problemas en la columna vertebral. Lauro recae en los problemas del corazón.

Comen lo que pueden. Y en ocasiones no lo hacen. Todos los amigos a los que incluso ayudó Lauro, les voltean la espalda.

Agrandan las enfermedades. Continuos internamientos de ambos. Y solo con la limosna de pensión raquítica.

El viernes 3 de marzo de 2008, después de larga agonía, Lauro despertó feliz, muy sonriente. Platicó largo con el amor de su vida la que con semblante alegre  miraba como ese hombre vencía otra vez la enfermedad. Las últimas palabras que escuchó de él fueron. “Mi amor, ya paso lo peor. Ve a la casa a bañarte. Estaré bien”.

Le hizo caso. Y al salir del cuarto de la Clínica del Issste, Lauro Murió.

Con miles de sacrificios, cremó aquí su cuerpo. Y lo llevó a la Iglesia de Iztapalapa.  Y en diciembre de 2008 después de navegar sola, sin su amado. Sin dinero. Padeciendo hambres. Y el malagradecimiento de la gente. En un momento de soledad. María Eugenia expiró, pronunciando el nombre de su eterno amor.

Manos caritativas la cremaron y la depositaron al lado, de ese amor.

Descansen en paz.

Soy su amigo Jesús.

Vidas Paralelas

“Para el Gobierno del Estado dar respuesta a las necesidades de la población en materia de desarrollo humano, social y económico, es una prioridad, ya que para que se dé el progreso debemos de innovar y mejorar aquellos aspectos que le permitan a la ciudadanía el contar con condiciones de vida de calidad y eso implica, más y mejores espacios públicos que garanticen una mayor movilidad y sean accesibles para todos”, expresó el gobernador Carlos Mendoza Davis, al dar inicio a la remodelación de la Plaza Amelia Wilkes, en Cabo San Lucas.

 Acompañado por el alcalde de Los Cabos, Arturo De la Rosa, el mandatario estatal señaló que, dicho espacio no estaba acondicionado para que adultos mayores y personas con discapacidad pudieran acceder a él por los desniveles que presentaba, de ahí que hace dos semanas, iniciaron los trabajos de nivelado de la superficie, misma que una vez concluída facilitará su acceso, al ser totalmente incluyente…Y con esto nos despedimos. No olviden m: hagan el bien y sean felices.

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