De Cabo Cortés a Cabo Sun Tzu

De Cabo Cortés a Cabo Sun Tzu

John McCarty ha sido una especie de ejecutivo nefasto paras los intereses de Baja California Sur. Sin medir exactamente donde terminan los intereses de la Nación y donde empiezan los suyos ha sido, de lejos, el peor director que ha tenido FONATUR en toda su historia. Con fama de turistero ejecutivo de altos vuelos, todavía está por realizar su primer proyecto exitoso, pues desde Turismo Bancomer a Cabo Zun Tsu ha ido dejando una larga estela de elefantes blancos (y ballenas varadas). A Baja California Sur le ha pegado tres golpes de los que, si dependieramos de FONATUR como otros destinos menos maduros, ya seríamos cadáver. Ahí les van:

Sacar del baúl de los recuerdos a la escalera naútica, un sueño (etílico o de THC) de Mario Pani desde tiempos de Echeverría, apadrinado siempre por chilangos que ni saben de mar ni saben de barcos, y piensan que navegar es cruzar la Bahía de Acapulco con un motorcito fuera de borda. La idea, completamente disparatada, dejó cientos de millones de dólares tirados desde Baja California a Sonora, recorriendo dos mil quinientas millas de fracasos. Si como un amigo mío de apellido Redo dice, “hubieran utilizado solo el dinero dedicado a presentaciones y alcoholes, a promoción del destino, ya tendríamos un par de millones de turistas más”. En un país normal le hubiera costado un despido a patadas, en la administración panista de Fox era mérito para ascender.

Los extraños canadienses de Loreto Bay. Desde el principio se adivinaba lo que era una pirámide diseñada por unos cuantos excelentes vendedores de humo. Coppola se lo advirtió al Presidente Fox (ese otro que también  le encanta  el THC), pero no contaba con que Martita Sahagún jugaba tenis con McCarthy, que entre saque y match point, negoció la puntilla, para enviar a Loreto quince años más a terapia intensiva. Después de sucesivos manoseos, y habiendo perdido FONATUR hasta la camisa, cae en las garras de un promotor de negocios financieros y monopolios (¿donde ha competido Slim por algo?) que lo usará como garantía para sus reservas técnicas en empresas de seguros. Al tiempo.

Los españoles reconquistadores de Cabo Cortés. A éstos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), solo les faltaba espada y arcabuz, pues hasta su Malinche traían. Nuestro Director de FONATUR no terminaba de salir del organismo cuando se convirtió en colocador de proyectos turísticos, ¡valgame Dios! «moral es un árbol que da moras». Quería ni más ni menos que llevarse entre las patas a Cabo Pulmo. Perdieron y Calderón, en un lapsus de sobriedad, canceló el sueño de Cortés redivivo. Se acabó. Adiós españoles, adiós Malinche…

Ingenuos. Después de un infructuoso cambio de nombre en los planos (¿no quieren gachupín? Pos tendrán indio pata rajada) nos trae de nuevo la misma canción, pero con el sonoro título Pericúes… ¿No? ¿Tampoco? ¡Gente ingrata! Pero yo no abandono…

Desembarcan los chinos. Ahora, los nuevos conquistadores no vienen en naos, no son Cortés y Colón; ahora son Zheng He y Sun Tzu, y vienen en sampán. Los chinos compraron los terrenos a precio de remate a los españoles del Banco de Sabadell (¿que por qué el Gobierno Estatal no se adelantó?, habrá que preguntarle a Cuco), y reutilizando a Malinche, nos quieren vender ahora su Cabo Dorado, su 擦玻璃多拉多. Para no confundirnos con los signos, en adelante, Cabo Sun Tzu. A Malinche le gustan los conquistadores, le vale de donde vengan a predar y a destruir, total a Malinche no le gustan las moras, le gusta el oro.

Ni modo, de nuevo trabajo para los Sudcas, para CEMDA, para Greenpeace, para…

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