Blanco y Negro

Conocí en Ensenada a Ramón Cota Agúndez, originario de Miraflores, director del diario El Mexicano. Fue un buen amigo. Murió ya hace algunos años.

Luis Montes Pinal. También ya fallecido, le daba mucha carrilla. Le decía, por ejemplo, que era la versión fea del Indio Fernández. Y que era el indio Juan Diego.

Un día, estábamos desayunando en Tortas El Rey, cuando llegó Montes Pinal y para que todos lo oyeran le preguntó a Ramón: ¿qué sentiste cuando se te apareció la Virgen?

Muy tranquilo, pero con firmeza, Ramón le contestó: Nada, yo pensé que era tu…

Qué pasó, qué pasó, dijo Luis, y Ramón le expresó: eso fue lo que yo pensé. Cómo una virgencita puede tener un hijo de… tan caón.

Montes Pinal decía también, al que lo quería oír, que Ramón había tenido una columna de humo en Miraflores. Y que la SEP se la canceló porque tenía muchas faltas de ortografía.

También decía que Ramón había servido a la educación en su pueblo: que lo usaban de pizarrón, volteado hacía la pared.

Y ahora, un tema local. Algunos diputados se molestaron con un ciudadano que les mandó una palabra para que hagan ejercicios de dicción.

La palabra Parangaricutirimícuaro. Les recomienda que la repitan un millón de veces al día.


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