Balconeando / Riesgo ambiental

De las empresas mineras extranjeras queda claro que carecen de ética y conciencia ambiental

Diversas investigaciones realizadas desde años atrás, ponen al descubierto que las compañías que quieren practicar extracción minera marina, principalmente en cuanto al aprovechamiento de fosfatos, son Exploraciones Oceánicas, S de RL de CV; Fosforitas del Pacífico SD, SA de CV; y Corporación Fosfórica Mexicana, SA de CV.

La primera tiene una concesión de la Secretaría de Economía del 28 de junio de 2012 sobre una extensión de 268 mil 238 hectáreas en el área llamada “Don Diego”; la segunda operará con una concesión sobre un área de 13 mil 474 hectáreas emitida el 8 de septiembre de 2010, y la última mediante una concesión emitida el 31 de enero de 2012 sobre un área de 18 mil 237 hectáreas.

De acuerdo con la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Puerto Chale, dichas concesiones son por 50 años; la primera tiene el expediente 594 y título 240744; la segunda, el expediente 454 y título 236987; y la tercera, el expediente 4/2/301 y título 239628.

El Frente Ciudadano en Defensa del Agua y la Vida mantiene la necesidad de blindar a Baja California Sur contra los megaproyectos de minería tóxica a cielo abierto, principalmente el denominado Los Cardones y los de la minería submarina. En cuanto a estos últimos, se dice que en una reunión celebrada en la Universidad Autónoma de Baja California Sur en la que participaron la doctora Rocío Marcín –especialista en mamíferos marinos–, el maestro en Ciencias Jesús Echavarría y algunos pescadores de la Cooperativa de Puerto Chale, coincidieron en señalar que Armando Navarro, directivo de dicha Cooperativa, llevó a varios inversionistas de las compañías mineras submarinas a las comunidades pesqueras más cercanas a la zona determinada para la explotación, para plantearles los beneficios de la minería marina y convencerlos de apoyarlos con su anuencia para la realización de los trabajos de extracción submarina.

Ante ello, los pescadores, conscientes de la magnitud de los daños que esta actividad causaría al medio ambiente marino, les manifestaron a Navarro y a los inversionistas su rechazo a la entrada de las compañías mineras submarinas.

Cabe señalar que la Cooperativa representada por Navarro ha manifestado, en el comunicado denominado Manifiesto del Golfo de Ulloa, la necesidad de realizar amplios estudios de impacto ambiental en la zona antes de proceder a los trabajos de extracción minera, que rechazan en general la participación de organizaciones ecologistas por considerarlas oportunistas y sin derecho a opinar sobre sus asuntos.

De las empresas mineras extranjeras queda claro que carecen de ética y conciencia ambiental. La experiencia a través de la historia en nuestro país con las empresas trasnacionales que han extraído minerales del subsuelo ha sido desastrosa.

Más que extracción, han realizado un saqueo indiscriminado con múltiples consecuencias negativas para el medio ambiente y la salud de los pobladores, que en muchos casos han llevado a la muerte a muchas personas; y por supuesto con la mayor parte de las ganancias económicas para los dueños de las empresas, ya sean nacionales o extranjeras.

La realidad de la minería en México parece ser desconocida por la mayoría de nuestros gobernantes. ¿O será acaso que intereses económicos muy fuertes los mueven a seguir dando concesiones a empresas privadas para la explotación de nuestros recursos naturales? Son tan rapaces que no se conforman con la enorme devastación minera que en tierra han propiciado con permisos y concesiones a compañías trasnacionales; además ahora pretenden hacer lo mismo en el subsuelo marino.

La minería marina ha sido practicada desde hace miles de años, sobre todo en cuanto a la extracción de sal y corales de manera artesanal. Y durante los siglos XIX y XX de manera industrial, principalmente en el rubro salino. Claro ejemplo de ello es la salinera de Guerrero Negro.

Pero fue hasta la década de 1980 cuando la minería marina a gran escala en aguas someras para la extracción de gran variedad de minerales y, más recientemente en aguas profundas, se ha vuelto posible, gracias a los avances tecnológicos; pero las técnicas empleadas para la extracción son aún novedosas y han sido escasamente probadas a nivel mundial, por lo que su aplicación en México sería una especie de experimento de laboratorio cuyas consecuencias ambientales son incalculables.

Al barrer el fondo marino para la extracción de los minerales se altera ese estrato en el cual viven innumerables especies marinas, las cuales –ante la alteración, – por no decir destrucción de su hábitat= sólo tienen dos opciones: emigrar y buscar otro espacio -si es que eso es posible- o morir; y en el caso de especies endémicas eso las puede llevar a la extinción.

Durante la extracción de los minerales se remueve el fondo marino, lo que genera la agitación de partículas de diversos sedimentos que por algún tiempo se mezclan con el agua y se mueven de acuerdo con las corrientes imperantes, pero en algún momento esas partículas se asentarán nuevamente, lo que no se sabe es dónde exactamente lo harán, y al hacerlo pueden sepultar a otros organismos del fondo marino causando la muerte de los mismos.

En esta segunda vertiente de daños es importante mencionar que los sedimentos removidos, además, obstruyen la penetración de la luz solar en el agua y cambian la oxigenación de la misma, lo que indudablemente afecta las condiciones que el plancton necesita para subsistir, con lo que irremediablemente se afecta la cadena alimenticia marina, lo que incide directamente en algunas ballenas que se alimentan de estos microorganismos y que frecuentan las zonas donde se haría la extracción; o simplemente si dichas partículas quedan en sus rutas migratorias, sin duda afectará a algunos de los cetáceos que han hecho de la península de Baja California Sur uno de sus lugares preferidos.

La contaminación del agua marina por los residuos químicos vertidos al mar tras los procesos de extracción de minerales, incidirán en toda especie marina de la zona y pueden causar su muerte. Además está la contaminación causada por los combustibles empleados por las embarcaciones y la maquinaria para la extracción minera.

Las tres vertientes mencionadas sobre los daños que puede causar la minería marina son muy generales y abarcan pocos aspectos del gran impacto que esta actividad puede causar al medio marino, pero sin lugar a dudas generarán grandes afectaciones en actividades como la pesca y el turismo. En cada una de las vertientes señaladas, los daños directos e indirectos inciden finalmente en todos los organismos que viven y dependen del hábitat marino, incluido el hombre.

¿Se atenderá este asunto en tiempo y forma? No lo sé, pero mientras algo ocurre al respecto mejor quien esto escribe seguirá Balconeando. . .


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