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Balconeando / Paraíso bajo fuego

El Estero de San José del Cabo es una zona de tan libre acceso que hasta el lugar ingresan fácilmente y sin mayor problema las manos criminales que constantemente generan incendios, sin que se investigue y mucho menos castigue a los responsables de los siniestros. . .

Los contantes incendios que se han dado en el emblemático Estero de San José del Cabo, localizado en el principal humedal de agua dulce y zona de anidación de miles de aves acuáticas y migratorias, se están convirtiendo en el mayor desastre ecológico en toda la historia de Los Cabos.

Y en especial, aquel siniestro del 23 de abril pasado cuando extraoficialmente el fuego arrasó con alrededor de 20 hectáreas de palmeras, carrizal y tular,  y ahuyentó a la ave endémica conocida como Mascarita de Belnding o Mascarita Peninsular, comenzando así a generar dudas sobre el verdadero origen del desastre de la reserva ecológica estatal y motivando a una serie de reflexiones sobre el supuesto compromiso de las autoridades municipales, estatales y federales en proteger y conservar la flora y fauna de este rico ecosistema.

Aquella noche y madrugada de abril durante casi nueve horas el Cuerpo de Bomberos de San José del Cabo y Cabo San Lucas, no podían controlar el fuego que destruía todo lo que había a su paso en el área natural protegida, e incluso empezó amenazar con propagarse a la zona hotelera, lo que generó que medio millar de turistas nacionales y extranjeros hospedados en los hoteles Holiday Inn y Mayan Palace  fueran evacuados de la zona con premura.

Los heroicos tragahumos luchaban con un equipo obsoleto, deficiente y en pésimas condiciones físicas y mecánicas, lo que vino a complicar aún más la operación, y finalmente permitió que el fuego se propagara velozmente con una fuerza inusitada.

Lo anterior, y en medio del shock, provocó que las autoridades municipales de Los Cabos no tuvieran más remedio que solicitar auxilio a los apagafuegos de La Paz, Todos Santos y El Pescadero, mismos que se sumaron al operativo entrada la noche.

Pero lo preocupante de esto es que desde el momento del incendio los bomberos tenían la certeza de que como todo el tiempo, el fuego había sido provocado de manera intencional, porque según argumentaron que no era posible que tantos incendios en el estero que se generan cada año, ya sea esto por imprudencia o de manera “espontánea”.

Las condiciones de calor, con 33 grados centígrados a la sombra y la sequedad del lugar que desde luego favorecieron a la propagación del fuego, alcanzó lenguas de hasta 20 metros de altura, las cuales podían vislumbrarse a lo lejos, tal y como quedó registrado tanto en fotografías como en videos que corrieron rápidamente en las redes sociales.

En medio de la recta final del periodo vacacional de aquel entonces, y como en el que ocurrió recientemente, ninguna autoridad dio la cara hasta entrada la madrugada, cuando en una improvisada rueda de prensa el subsecretario de Protección Civil del Estado, Carlos Godínez León, junto con el secretario general del XII Ayuntamiento de Los Cabos, Luis Alberto González Rivera, salieron a adelantar que habían logrado controlar el fuego.

En el combate del siniestro de aquella infernal madrugada de abril, tuvieron que participar los elementos del Cuerpo de Bomberos de San José del Cabo, Cabo San Lucas, Todos Santos y La Paz, esto además de Protección Civil, Ejército Mexicano, Secretaría de Marina y la Comisión Nacional Forestal.

Ahora bien, con una extensión de 472  hectáreas, la reserva ecológica estatal del Estero de San José del Cabo, constantemente es golpeada por huracanes, vertimientos, extracciones ilícitas e incendios durante los últimos años, lo que según un estudio de manejo y gestión de la Universidad Autónoma de Baja California Sur afecta a 81.5 hectáreas que representa poco más del 31 por ciento del ecosistema.

Los impactos han sido tan severos que se han afectado sensiblemente las características de la zona que pueden resumirse en los siguientes puntos: Primero en la ruptura de la barrera arenosa y el proceso de reconstrucción de la misma por efectos de los procesos costeros dominantes en la zona. Segundo en la modificación de los causales de la cuenca baja de San José, erosión transporte de sedimentos y modificación de la vegetación y consecuentemente de la fauna. Tercero en el acarreo de sedimentos de características granulométricas mayores y su depósito en el área del estero. Cuarto, en la modificación de las características geomorfológicas, fisicoquímicas y biológicas de la laguna. Quinto, en la velocidad de la corriente destruyo superficies considerables de palmar y vegetación asociada a la ribera del estero. Sexto, en la modificación sustancial de la línea litoral del estero de San José, y por ende, de la zona federal. Y por último la modificación de la topografía del fondo del vaso del estero, así como la perdida de hábitats de la flora y fauna de la propia reserva ecológica.

Lo anterior orilló a las autoridades a desarrollar un Plan de Manejo Integral que simple y sencillamente ha sido fallido y no cumple con las expectativas de prevención, protección y manejo de la reserva ecológica estatal, sobre todo en materia de incendios, y los cuales cada año afectan a esa área natural protegida en virtud de que carece de un programa estricto de vigilancia.

La zona es tan de libre acceso que hasta el lugar ingresan fácilmente y sin mayor problema las manos criminales que constantemente generan incendios, sin que se investigue y mucho menos castigue a los responsables de los siniestros.

Las interrogantes a todo esto serían: ¿A quién le conviene que se den estos incendios? ¿Algún desarrollador? ¿Algún hotelero? ¿A alguna familia con privilegios en el estado? La verdad que no lo sé, y por ello mejor quien esto escribe seguirá Balconeando. . .


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