Balconeando / Los saltimbanquis

Ahora criticarán acremente lo que antes defendían, y alabarán al que antes los atacó. . .

Parece que empiezan los problemas internos en algunos partidos políticos, como siempre el motivo de los conflictos son los celos profesionales, los llamados derechos de antigüedad, el alegato de tener más arraigo que los arribeños, los que se cambian de un instituto a otro, en fin, en pocas palabras: los saltimbanquis.

Seguramente que ya es tiempo de que no nos asuste ni sorprenda nada en política y en los políticos, sobre todo habituados a que esos personajes sean de convicciones sumamente flexibles pues cada proceso electoral se presenta cambios de camisetas que sorprenden en algunos casos, y otros no tanto, pues la realidad es que esos personajes de la política no dejan de ser sujetos con pasiones y odios, por eso ahora vemos que alguno de ellos fue gente que movió a cierto partido y criticó acremente al adversario político, y que rumbo al cercano proceso ya cambió de opinión.

Ahora esos saltimbanquis criticarán acremente al partido al que antes defendían hasta con su propia sangre, y alabarán al que antes atacó, pues son cosas humanas, simplemente humanas.

Y es que los políticos buscan, dicen, servir a la sociedad, por lo que siempre quieren el acomodo sin importar el espacio en que lo consigan.

Buscachambas, oportunistas y vividores son algunos de los calificativos que reciben en las redes sociales,  y más aún a esos políticos que pronto renunciarán a su labor actual para buscar un espacio más en las próximas elecciones del 2018.

Así que estamos entrenando a la época frente a la renuncia de algunos diputados locales, secretarios estatales, regidores y funcionarios municipales que buscarán candidaturas para la elección del próximo año, por lo que la sociedad comienza a expresar su malestar en contra de quienes han convertido a la política en una forma de vida; una forma, por cierto, muy redituable con los mejores salarios y prestaciones que se dan, otorgan y reciben en Baja California Sur.

Ante el descrédito y la desconfianza que provocan los partidos políticos, los electores, ciudadanos comunes y de a pie poco son tomados en cuenta por quienes han convertido a la política en un modo fácil para ganarse y disfrutar de la vida.

Los partidos solo son membretes que sirven para legalizar las decisiones cupulares de quienes dirigen y gobiernan las estructuras partidarias, y los chapulines políticos sus más fieles expresiones humanas.

Con descaro juegan con la gente que los eligió para competir por un puesto y desempeñar una función. No la cumplen y van a otro puesto, pues el partido, sus jefes, la estructura los apoya.

La reforma política, si es que existe, aprobada y puesta en marcha por muchos de ellos mismos, permite saltar de un puesto a otro sin terminar de cumplir las funciones. Los electores no les importan, pues infinidad de supuestos entes de la política no terminarán con sus responsabilidades, y a partir de ahora se dedicarán otra vez  a prometer lo que seguro no cumplirán.

Pero volviendo al asunto de los que brincan y brincan, los que hacen en la política el triple salto mortal sin red protectora, y que son bastantes, podríamos mencionar algunos ejemplos de saltimbanquis de la política, y les llamó así, saltimbanquis para ya no llamarlos acomodaticios, trepadores o traicioneros por decir lo menos.

Haber, para puntualizar con alguno y que llama la atención quien nació desde el Trostkysmo del PRT,  luego ocupo cargos de primer nivel gracias al PRI, fue presidente nacional de Partido de la Revolución Democrática, ex candidato por Nueva Alianza, y perdedor de nueva cuenta en otra elección con las siglas de Convergencia Nacional y que ahora muda sus convicciones hacia otro lado: MORENA.

Sí, hablamos del triste y mal recordado Leonel Efraín Cota Montaño, y quien tras este personaje irán otros con pasados casi iguales. Políticos saltimbanquis.

El trapecio para ellos es uno de los métodos tradicionales de hacer política, y recurren al mismo simplemente para pasar de un cargo de elección popular a otro, sea de nivel federal, estatal y hasta municipal. El tiempo creo me dará la razón.

Hay otros casos de personajes que han brincado por cuanto partido político existe. Narciso Agúndez Montaño es uno de los más clásicos, pues fue militante del PRI, quiso ser miembro del PAN pero no lo dejaron llegar, mantuvo simpatías de siempre con el Partido del Trabajo coaligado con el PRD y ahora, seguro también buscará ser parte de MORENA.

Otro igual es Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor, el jalisciense nacido entre sábanas del PRI, ungido como alcalde y diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática, gobernador por Acción Nacional y en breve, seguramente, aspirante a senador por alguna corriente política que lo deje trepar.

Otro que no se queda rezagado en ese terreno es Armando Martínez Vega, ex militante y dirigente del PRD y que por obra y gracia del Espíritu Santo emergió de las filas del Partido Acción Nacional para llegar a ser alcalde de La Paz, y que ahora –temerariamente dio a conocer- busca ser o diputado federal o senador de la República.

O que decir de Víctor Ernesto Ibarra Montoya, quien fue diputado local en la VIII Legislatura del Congreso de Baja California Sur por el Partido del Sol Azteca, y que luego fue elegido como diputado federal gracias haberse sumado al instituto albiazul, o sea el PAN, y que ahora con ansía novilleril quiere acomodo en otro instituto político para cobijar la esperanza de seguir mamando de la ubre del recurso público.

Esos son algunos de los casos más expresos del cambio de ideología y convicciones políticas, pero es ahora donde se intensifica esa mudanza. Tiempo al tiempo.

Así de descarados son nuestros políticos, quienes únicamente buscan el famoso “hueso” para seguir viviendo del sistema, y mucho cuando ven que “el barco se hunde” sin importar la ideología del partido o sus valores personales, simplemente brincan para buscar otros terrenos más convenientes para ellos.

Con estas escapadas, y la de otros chapulines interesados y hambrientos de poder, percibimos a nuestra clase política sin una ideología clara, ni respeto a las instituciones ni a la ciudadanía a la cual le deben sus grandes fortunas y negocios de sospechosa reputación.

¿Veremos otros casos de saltimbanquis de aquí a la elección del 2018?  La Verdad, ni duda cabe, pero mientras eso ocurre quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .


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