Balconeando / Futuro incierto

Durante décadas Baja California Sur se mantuvo relativamente al margen de la violencia

Durante décadas Baja California Sur se mantuvo relativamente al margen de la violencia que venía azotando al resto del país, pero desde hace casi ya tres años se incorporó a la lista de las entidades con más ejecuciones y asesinatos vinculados al crimen organizado, principalmente en lo relacionado al tráfico de drogas.

Las cifras son alarmantes y van en aumento, y cabe aclarar que los hechos de violencia extrema iniciaron en julio del 2014, cuando aún gobernaba Baja California Sur el supuesto panista Marcos Alberto Covarrubias Villaseñor.

Pero a partir del año 2015 se convirtió en una de las entidades del país con los mayores incrementos en la tasa de homicidios en los últimos 8 años. También en el año 2015 el municipio de La Paz alcanzó el décimo quinto lugar como uno de los más violentos de la nación, esto de acuerdo a datos recogidos a través del Semáforo Delictivo.

Ahora ya no es novedad que el gobierno de los Estados Unidos emita alertas a sus ciudadanos por el peligro que representa viajar a La Paz y a Los Cabos, un par de destinos turísticos que hasta hace casi tres años atrás eran altamente recomendables por presentar una realidad diferente de la del resto del país.

Y tiene razón el gobierno estadunidense, pues a casi tres años de desatada la violencia criminal se han cometido más de medio millar de asesinatos relacionados con el crimen organizado en Baja California Sur, y esto en una ascendente violencia que parece no tener fin; como deja en claro el balance de marzo del presente año, con más de 50 muertes relacionadas a ejecuciones y tiroteos solamente en la zona de Los Cabos.

Por más que se emitan discursos enérgicos y se hable de estrategias y futuros promisorios, la realidad es que las autoridades municipales, estatales y federales están rebasadas por el crimen organizado.

A partir de aquel julio del 2014, Baja California Sur y la ciudad de La Paz en especial, han ido ocupado “lugares estelares” en las estadísticas nacionales de violencia y ejecuciones.

En relación a la tasa de homicidios por cada 100 habitantes, la media península sigue avanzando a paso firme hacia los primeros lugares, y respecto del discurso de algunos políticos no debe importar que otros estados o ciudades tengan tasas de ejecuciones más altas o que el resto del país sea un campo de batalla, porque esa es una justificación insensata.

Lo que importa es que Baja California Sur, sobre todo en La Paz y en Los Cabos, se ha perdido en casi tres años la tranquilidad y la relativa seguridad que les caracterizaba, y esto hace evidente el mal desempeño de las pasadas y actuales administraciones, ya que son las responsables de proporcionar seguridad a la población.

Es frecuente seguir escuchando entre los que habitan y viven en La Paz o en Los Cabos que la cosa es “entre ellos”, que se matan “solo ellos”. Pero, ¿quiénes son ellos? Bueno, pues son personas que caminan, manejan y hacen compras al lado de los ciudadanos que no son criminales.

Al principio de la violencia desatada en el municipio de La Paz los cuerpos de los ejecutados fueron encontrados en caminos vecinales, rancherías, carreteras que conectan a la capital, lugares alejados de la urbe; luego se sucedieron las ejecuciones en la zona periférica y en colonias apenas transitadas.

Después el círculo de la violencia fue cercando el corazón de la ciudad; las balaceras y persecuciones se sucedieron también en un reducido número de colonias que se identificaron por algún tiempo como peligrosas; luego se realizaron ejecuciones en centros comerciales a plena luz del día; y entonces la sangre corrió por el malecón desde restaurantes de larga tradición y bares, lugares frecuentados por nativos y turistas, justo en el centro del llamado “Puerto de Ilusión”.

Y con estos hechos se dieron los daños “colaterales”, los heridos y la muerte de civiles =incluso a manos de cuerpos policiacos= que nada tenían que ver “con ellos”.

Y no hay justificación para esas atrocidades, y menos diciendo que los inocentes estaban en “el lugar y momento equivocados”; pues el equívoco es la inseguridad, el equívoco es la ineficacia del gobierno para erradicarla, para ni siquiera contenerla, el error es que el ciudadano no pueda vivir libremente y sin miedo, como lo hizo hasta hace casi tres años atrás.

La Paz y Los Cabos ya perdieron la seguridad y la tranquilidad; cundió la violencia: ejecuciones y balaceras ya no están focalizadas en algunas colonias o sectores de la ciudad, pues se han esparcido por las urbes de esos destinos turísticos.

La entidad está siguiendo el camino que otros estados han andado en lo referente a la violencia relacionada al crimen organizado. Y todo parece apuntar a que la situación no mejorará, al contrario, parece que va a empeorar.

El crimen se va a incrementar, y con la violencia en las calles de esos dos municipios se reducirá aún más el número de turistas, que ya se ha visto mermado en los casi tres últimos años, con lo que se reducirán más los ingresos de la población y aumentará el desempleo y obvio, con el consecuente incremento de los delitos.

La Paz y Los Cabos son el reflejo de lo que sucede en muchas partes de la entidad y son el escaparate de las problemáticas sociales. La otrora apacible y amigable ciudad de La Paz y la enigmática zona de Los Cabos, nos hablan hoy de violencia, impunidad, inseguridad y miedo.

En la actualidad el sonido de patrullas y ambulancias recorriendo la ciudad a cualquier hora, y el estruendo de detonaciones y ráfagas de armas de alto poder desmienten el dicho gubernamental sobre un mejor futuro, pues la violencia lo está truncando y sólo nos permite avizorar una realidad reprobable y aterradora.

¿Habrá un mejor futuro para Baja California Sur? La verdad no lo sé, pero lo que sí se puede decir es que tenemos un futuro incierto, y mientras algo sucede para mejorarlo quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .


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