Balconeando / “El Padrino”

El senador Isaías González Cuevas logró imponer a Gabriela Cisneros Ruiz como candidata de “unidad” a la dirigencia estatal priísta, esto con el visto bueno de Ricardo Barroso Agramont y Juan Alberto Valdivia, pero. . .

Unos días después de que la Comisión de Dictamen de la XXII Asamblea Nacional Ordinaria del Partido Revolucionario Institucional diera a conocer con bombo y platillo su “fresca y nueva cara”, y presumiera que se había aprobado una reforma en sus estatutos para ponerle fin al tan acostumbrado dedazo que en el PRI se estilaba, apareció el líder nacional de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, Isaías González Cuevas, e impuso de golpe y porrazo a Gabriela Cisneros Ruiz como candidata de “unidad” para dirigir al partido tricolor en Baja California Sur.

Así, con la falsa democracia del tricolor, y tras registrarse sin presiones, fueron puestos fuera del camino los suspirantes Joel Vargas Aguiar, Jesús Flores Romero y Máximo Montes Ibarra; y tan tan, se acabó el corrido, pues el enjuague estaba consumado.

La “fiesta” para mostrar algarabía entorno a la recién ungida por el senador croquista empezó desde muy temprano ese día del registro, cuando la clase política priísta cerró el cruce de las calles Benito Juárez y Dionisia Villarino del Fraccionamiento Perla, e iniciaron a vitorear la presencia de la aspirante a dirigir el instituto tricolor sudcaliforniano.

Los responsables de logística -operada por el mismísimo esposo de Gabriela Cisneros- colocaron un templete en plena vía pública mostraron como fondo una enorme lona con la leyenda “Unidad”.

Quienes fueron testigos de tan burda imposición, percibieron además que frente al pabellón montado había una carpa con alrededor de un centenar de acarreados de la CROC, mientras que a un costado de ellos acomodaron a los delegados federales en Baja California Sur, rodeando desde luego al nuevo dueño del PRI en la media península, quien simplemente festejaba la virtual llegada de su protegida como lideresa estatal del tricolor.

Cercado por su equipo de trabajo que fungía más como grupo de pajes, camareros y botones, Isaías González Cuevas fue atendido con un servilismo estridente, ya que algunos de sus lacayos corrían a limpiarle el sudor y otros más lo hacían para entregarle en propia mano una botella con agua para que “El Padrino” se hidratara.

La intención era clara, lo importante es que estuviera cómodo el nuevo amo y gran señor del PRI, pues para nadie a partir de ese momento sería un secreto ya que Isaías González Cuevas se estaba convirtiendo en el poder tras el trono de Gabriela Cisneros Ruiz.

En la atmósfera, y dada la coacción que se estaba consumando, se respiraba un ambiente de fuerte tensión al momento mismo del ungimiento, pues perfilada ya la candidata del líder nacional de la CROC, únicamente formalizó el mero requisito de presentar su registro de aspirante a la presidencia del Consejo Directivo Estatal del PRI, y todo concluyó.

Después del acto protocolario el júbilo entre los acarreados croquistas estalló, y como obra de magia comenzaron a brotar los aplausos y los vítores de que en el PRI “prevalece la unidad”, y donde los sonoros tambores que retumbaban a ritmo de la batuca se dejaron escuchar justamente cuando Isaías González Cuevas subía al templete.

Y como si se tratara de un evento de campaña, el centenar de acarreados croquistas clamaban el nombre de Gabriela Cisneros y enseguida la expresión: “¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!”; algunos incluso alzaban cartulinas en mano -que les fueron repartidas ya elaboradas de forma descarada momentos antes de iniciar el evento- con el nombre de la virtual dirigente del PRI, mientras otros cuales rumberos bailaban al son de las tarolas como si estuvieran celebrando un triunfo político.

Luego vinieron los desaseos, las traiciones, las faltas de respeto, las humillaciones y peor aún, las primeras muestras claras de soberbia y egolatría en varios funcionario federales que ya se sienten candidatos seguros a alguna diputación, o uno que otro que comienza a mostrarse como ridícula caricatura mal elaborada de su “patrón”, y me refiero con esto a Bernardo Montiel Ochoa, a quien simplemente le negociaron una de las principales carteras del PRI estatal para lo que se llegue a ofrecer.

Ojala haya por ahí algún sensato o juicioso que les pueda decir a los perturbados y virtuales dirigentes del PRI que el ladrillo en el que los subió “El Padrino” no es tan alto como para que se mareen cómo está sucediendo, pues se acercan los tiempos en el que tendrán que poner cara de que les interesa el pueblo, abrazando y se tomándose fotos con unos y con otros para después pedirles el voto y nadie, absolutamente nadie les va a creer esas poses por falsarios y traicioneros.

Hoy, la nueva filial de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, o sea el Revolucionario Institucional sudcaliforniano, junto con algunas dependencias satélites como la SEDECROC y personajes no del todo bien vistos como Ricardo Barroso Agramont, tendrán que remar contra corriente, pues quedó claro que “El Padrino” y mandamás no es otro que Isaías González Cuevas.

¿Harán algo al respecto? La verdad no lo sé, por lo que mientras algo sucede al respecto quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .   


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