Balconeando / Desastres y corrupción

Septiembre no ha sido un mes benévolo con México, ya que no sólo nos ha dejado desastres naturales sino que nos ha traído también el recuento de grandes e impunes casos de corrupción en el país. . .

Tal pareciera que los mexicanos nos estamos acostumbrando a sobrevivir en la adversidad, y la prueba está en la solidaridad inmediata que se ha dado con brigadas de apoyo, de rescate, de recolección de víveres y enseres de urgencia para la atención de los afectados que hoy en día se registran en diferentes partes del país, incluyendo Baja California Sur.

Septiembre no ha sido un mes benévolo con México, ya que no sólo nos ha dejado desastres naturales sino que también nos ha traído el recuento de grandes casos de corrupción, esto con secretarios de Estado y funcionarios estatales que se asocian para delinquir, y que desfalcan impunemente las arcas mexicanas por más de 7 mil millones de pesos utilizando a instancias educativas públicas como las Universidades, y más de 180 empresas entre hechizas y fantasma para sacar dinero oficial y llevarlo a quién sabe dónde.

Como ejemplo de ello está el ex director de PEMEX, a quien funcionarios de la compañía brasileña Odebrech señalaron de haberles recibido más de 10 millones de dólares a cambio de la adjudicación de obras, incluso cuando el susodicho Emilio Lozoya era parte del equipo de campaña del hoy Presidente de la República, pero él sigue campeando tan tranquilo.

Todos los casos de sospecha clara de corrupción revelados en septiembre permanecen en la impunidad; y eso porqué los políticos como los criminales se creen inmunes ante la incapacidad y la complicidad de una Procuraduría General de la República, instancia incapaz, ineficiente y cómplice de la corrupción, crimen e inseguridad que no termina de transitar hacia una Fiscalía General de la República, precisamente por los fallos de origen provocados por legisladores que son comparsas de un sistema corrupto que vela por sus intereses y nada más.

Septiembre nos trajo además tragedias naturales, el huracán “Lidia” que trastocó a Baja California Sur; el huracán “Katia” que afectó severamente poblados del estado de Veracruz y un sismo de 8.2 grados el 7 de septiembre que devastó ciudades en Oaxaca, Chiapas y Tabasco; y 12 días después, justo el 19 de septiembre, más temblores.

El más grave de una magnitud de 7.1 en la escala de Richter a la 1:14 de la Ciudad de México con epicentro al sureste de Axochiapan, Morelos, que ha dejado más de 50 edificios colapsados hasta la tarde del martes pasado en la capital del país, miles de casas destruidas en poblados de Morelos y Puebla, y que donde según el Servicio Sismológico Nacional había tenido once réplicas, la de mayor magnitud de 4.0.

Al tiempo, tres temblores más, uno de 5 grados en la escala de Richter con epicentro en Ciudad Hidalgo, Chiapas; otro de 4.5 al sureste de Salina Cruz, Oaxaca, y uno más de 4.8 con epicentro también en Salina Cruz, Oaxaca.

Los muertos superan ya los 250 en cinco estados; en la Ciudad de México, Puebla, Estado de México, Morelos y Guerrero.

La Presidencia de la República, cuyo titular Enrique Peña Nieto surcaba los aires cuando sucedió el temblor, activó el Plan DN-III y decretó un estado de emergencia en el centro del país.

Los gobernadores han proveído de información -a medias, tal y como sucedió en la media península con “Lidia”- a los gobernados y a los medios con sus precarias capacidades intelectuales; los partidos políticos yacen en la ignominia de la inacción y el silencio ante la causa ciudadana, y lo peor, los saqueadores se han activado con la rapiña en calles y zonas derruidas que es una constante.

Septiembre no ha sido bueno para los mexicanos, pues entre la violencia, inseguridad, la corrupción y los desastres naturales, sólo nos tenemos los unos a los otros.

Las muestras de solidaridad han sido diametralmente opuestas a las acciones de apoyo de los partidos políticos, y superado obviamente ante las expectativas del gobierno federal y de los estados que se han visto afectados.

En las marcha las labores de rescate, mayormente por civiles solidarios y coordinados por profesionales del rescate y la contingencia, tocó al gobierno olvidarse por un momento de la rapiña político electoral y trabajar en la reconstrucción de una nación que a pesar de las fallas de las gestiones gubernamentales, de la inseguridad y la corrupción, pero se mantiene fuerte, de pie, firme y solidario.

Esa es la gran prueba de fuego, ojalá y estén a la altura de superarla, sin lucrar para el 2018. Este mes patrio, el de septiembre de 2017, en los hechos, será imposible de olvidarlo y difícil considerarlo de fiesta nacional.

Seguro que nos volveremos a levantar de este mal sueño que como mexicanos estamos viviendo, y mientras eso sucede quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .


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