Balconeando / Alarmas y alertas

En una ascendente violencia que parece no tener fin, queda claro que el balance de agosto será de excesivas muertes relacionadas a ejecuciones y tiroteos, y colocan a este octavo mes de 2017 como el más sangriento de los últimos tres años. . .

Tal pareciera que ya no es novedad que el gobierno de los Estados Unidos emita alertas a sus ciudadanos por el peligro que representa viajar a La Paz y a Los Cabos, destinos turísticos que hasta hace tres años atrás eran altamente recomendables por presentar una realidad diferente de la del resto del país.

Y quizá tiene razón el gobierno estadunidense, pues a tres años de desatada la violencia criminal se han cometido más de 600 asesinatos relacionados con el crimen organizado en una ascendente violencia que parece no tener fin, y que como deja en claro el balance de este mes de agosto, 31 días con muchas muertes relacionadas a ejecuciones y tiroteos, hechos que lo colocan como el más sangriento que se recuerde.

Por más que se emitan discursos enérgicos y se hable de estrategias y futuros promisorios, la realidad es que las autoridades municipales, estatales y federales están rebasadas por el crimen organizado.

Y es que a partir de julio de 2014, Baja California Sur y la ciudad de La Paz en especial, han ido ocupado “lugares estelares” en las estadísticas nacionales de violencia y ejecuciones, esto en relación a la tasa de homicidios por cada cien habitantes, y la entidad, aunque lo quieran negar,  sigue avanzando a paso firme hacia los primeros lugares.

Respecto del discurso de algunos magnánimos políticos, esos que salen conque en otros estados o ciudades se tienen tasas de ejecuciones más altas, o que en el resto del país hay lugares que se han convertido en verdaderos campo de batalla, simplemente denotan que es una justificación insensata.

Lo que les debería de importa a los magnánimos políticos es que Baja California Sur, es que la ciudad de La Paz y ahora Los Cabos han perdido en tres años la tranquilidad y la relativa seguridad que las caracterizaba; y esto hace evidente el mal desempeño de las pasadas y actuales administraciones, pues son las responsables de proporcionar seguridad a la población.

Es frecuente seguir escuchando entre los sudcalifornianos que es “entre ellos”, que se matan “solo ellos”. Pero ¿quiénes son ellos? Pues son personas que caminan, manejan y hacen compras al lado de los ciudadanos que no son criminales.

Como se recordará, al inicio de la violencia desatada en el municipio de La Paz los cuerpos de los ejecutados eran encontrados en caminos vecinales, rancherías, carreteras que conectan con la capital del estado, lugares alejados de la urbe; luego se sucedieron las ejecuciones en la zona periférica y en colonias apenas transitadas; después el círculo de la violencia fue cercando el corazón de la ciudad; y las balaceras y persecuciones se sucedieron también en un reducido número de colonias que se identificaron por algún tiempo como peligrosas; luego se realizaron ejecuciones en centros comerciales durante el día; y entonces la sangre corrió por el malecón desde restaurantes de larga tradición y bares, lugares frecuentados por nativos y turistas, justo en el centro del llamado “Puerto de Ilusión”.

Y con estos hechos se dieron los daños “colaterales”, los heridos y la muerte de civiles -incluso a manos de cuerpos policiacos- que nada tenían que ver “con ellos”.

No hay justificación para esas atrocidades, y menos diciendo que los inocentes estaban en “el lugar y momento equivocados”; pues el equívoco es la inseguridad, el equívoco es la ineficacia del gobierno para erradicarla, para ni siquiera contenerla, y por eso ahora el ciudadano no puede vivir libremente y sin miedo, como lo hizo hasta hace tres años.

La Paz y ahora Los Cabos ya perdieron la seguridad y la tranquilidad; cundió la violencia, las ejecuciones y las balaceras que ya no están focalizadas en algunas colonias o sectores de la ciudad, sino que se han esparcido por doquier.

La media península está siguiendo el camino que otros estados han recorrido en lo referente a la violencia relacionada al crimen organizado, y todo parece apuntar a que la situación no mejorará, al contrario, va a empeorar.

Los crímenes se están incrementando, y con la violencia en las calles de La Paz y Los Cabos se reducirá aún más el número de turistas, y por ende se reducirán más los ingresos de la población y aumentará el desempleo, con el consecuente incremento de los delitos, obvio es.

La ciudad de La Paz es ahora el reflejo de lo que sucede en el resto de la entidad, algo así como el escaparate de las problemáticas sociales, pues la otrora apacible y amigable ciudad bañada por las aguas del Mar Bermejo actualmente solo nos puede hablar de violencia, impunidad, inseguridad y miedo.

Hoy el sonido de patrullas y ambulancias recorriendo los destinos de La Paz y Los Cabos a cualquier hora, y el estruendo de detonaciones y ráfagas de armas de alto poder, desmienten el dicho del gobierno sobre un mejor futuro, pues la violencia lo está truncado y sólo nos permite avizorar una realidad reprobable y aterradora.

Así que entre alarmas y alertas estamos viviendo, y quizá, no lo sé, aun podría hacerse todavía algo al respecto; pero mientras eso sucede quien esto escribe mejor seguirá Balconeando. . .


* * *


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anúnciate en Peninsular Digital

 

¿Quires anunciarte en Peninsular Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.