¿Hasta dónde quiere llegar el gobernador de Michoacán?

Aquiles Córdova Morán

En los primeros días del gobierno de Leonel Godoy en Michoacán, durante el aniversario luctuoso de Wenceslao Victoria Soto, fundador del Movimiento Antorchista en ese estado, advertí a mis compañeros de que nos esperaban días más sombríos que los vividos con Lázaro Cárdenas Batel y hoy, a unos días de concluir su gestión Godoy Rangel, veo que no me equivoqué. En efecto, por más esfuerzos que hice para recordar alguna obra o acción importante del gobierno michoacano en favor de las viejas demandas que dejó pendientes Cárdenas Batel, o de las nuevas que se le plantearon a él, no logré localizar alguna. Los modestos avances en servicios como drenaje, electrificación, agua potable, pavimento, mejoramiento a la vivienda, infraestructura educativa, etcétera, en pueblos y colonias antorchistas, fueron frutos de nuestra gestión y de nuestra lucha a escala municipal. Y justo es reconocer aquí que el más sensible y receptivo fue el H. Ayuntamiento de Morelia, que encabezó el licenciado Fausto Vallejo Figueroa. Pero del gobierno de Godoy, nada. No creo faltar a la verdad si digo, además, que el mismo balance vale para todo el estado de Michoacán. Con excepción, tal vez, de algunas minorías privilegiadas y de los correligionarios importantes de Godoy, su gobierno fue totalmente gris, mediocre, sin crecimiento ni desarrollo integral del estado y  sin un plan integral y de gran aliento para atacar los grandes rezagos como desempleo, vivienda, educación y salud. El único saldo positivo es el brutal incremento de la violencia y de la inseguridad de los michoacanos. Y lo peor de todo es que, como mal actor de película de vaqueros, el gobernador Godoy quiere abandonar la escena “echando bala” contra sus “enemigos”.

Confieso que no veo claras las razones del interés obsesivo (y hasta enfermizo) por echar fuera del plantel Maravatío del Colegio de Bachilleres de Michoacán (Cobaem), fundado y sostenido, todo el tiempo que lleva funcionando, por ellos, a los antorchistas (maestros y directora) que laboran allí; pero sí puedo afirmar que tal obsesión existe. La primera embestida se dio con motivo de una propuesta de cambio de la directora actual, licenciada Mercedes Montes Álvarez, por otro profesional de la misma filiación política. El gobierno de Godoy rechazó la propuesta y quiso imponer a uno de los suyos. El forcejeo concluyó con el “acuerdo” de que se renunciaba al cambio de director a condición de que se mantuviera a la licenciada Montes Álvarez, mientras que el director rechazado y tres maestros más serían incorporados a la planta docente. Pero… al correr de los días, fue quedando claro que no había la intensión real de cumplir lo pactado. Con uno u otro pretexto se fue posponiendo el trámite de los nombramientos de los maestros hasta que, con motivo de la nueva distribución de carga académica, se destapó la maniobra: no había “carga” para los antorchistas y, por tanto, quedaban cesantes.

Se reinició el conflicto. Los profesores burlados no aceptaron la violación del acuerdo ni el atropello a su derecho al empleo digno, y el gobierno respondió con un más descarado intento de atropellarlos: fueron citados todos, incluida la directora, a una “plática” con el líder sindical del Cobaem quien, sin mayores miramientos legales, les dijo que su papel en Maravatío había terminado y, por tanto, debían entregarle el plantel allí mismo. La negativa obvia de los afectados obligó a la directora estatal del Cobaem, Silvia Mendoza Valenzuela, a dar la cara: mediante oficio comunicó su intención de realizar “una visita” a Maravatío. Los amenazados de despido entendieron que se trataba de un golpe directo de autoridad para ponerlos en la calle “oficialmente”; denunciaron públicamente la maniobra y la “visita” se canceló. Luego se conoció todo el enjuague: Mendoza Valenzuela iba a clavar como profesor de Maravatío a Fernando Hernández García, un distinguido antorchista en otro tiempo, ciertamente, pero que ahora, por razones que no entiendo bien ni me toca discutir, se ha convertido en enemigo furioso y delator de sus antiguos compañeros. De modo que su misión tampoco ofrecía duda alguna: iba a ganar la guerra contra los antorchistas a como diera lugar, la violencia incluida.

Alumnos, profesores y padres de familia, decidieron entonces hacer guardia permanente frente al plantel, con lo cual frustraron, apenas a tiempo, la siguiente jugada del gobierno: consumar la imposición ahora intimidando a la gente con la presencia de un notario público y un reportero del diario Cambio de Michoacán, totalmente adicto a Leonel Godoy. La gente no cedió; pero el “reportero” hizo su trabajo: al día siguiente publicó una nota en que distorsionaba vergonzosamente los hechos, pero señalaba con toda exactitud nombres y apellidos de cuatro de los principales dirigentes del antorchismo michoacano que ni siquiera estuvieron presentes en los hechos. Con este telón de fondo, el domingo 8 de enero por la tarde corrieron insistentes rumores de que, al día siguiente por la mañana, Fernando Hernández y un grupo de gente armada tomaría el plantel a sangre y fuego. La noticia llegó rápidamente a los medios y, quizá por eso, la mañana del lunes transcurrió en calma. Pero ese mismo día, un mensajero del Ministerio Público (MP) de Maravatío trató de entregar un citatorio a la directora; al no encontrarla, dejo recado: que se presente ante el MP “ya sabe para qué”.

Esto indica que el gobierno de Leonel Godoy ha decidido escalar el acoso, ahora por la vía jurídica. ¿Hasta dónde quiere llegar? ¿Hasta la detención y el encarcelamiento arbitrario de Mercedes Montes y sus compañeros? El antorchismo nacional reprueba sin reservas la encarnizada persecución de sus compañeros y advierte que los defenderá con toda su capacidad de denuncia y de movilización a escala nacional. Al mismo tiempo, recuerda a todos que el único gobernador que se ha atrevido a meter en la cárcel a una luchadora social antorchista fue el panista Francisco Garrido Patrón, gobernador de Querétaro, quien mantuvo prisionera por tres años, contra toda justicia y contra todo derecho, a la profesora Cristina Rosas Illescas. Si Leonel Godoy se atreviera a tanto, les ahorraría a los críticos de su partido, el PRD, la tarea de demostrar, en estos tiempos preelectorales, que los verdaderos hermanos siameses en política no son el PRI y el PAN, como dice su candidato presidencial, sino el PAN y el PRD. Sería una magnifica contribución a la credibilidad de la “República amorosa” que anda predicando Andrés Manuel López Obrador, quien deberá apresurarse, en ese caso, a agradecer tal ayuda a Godoy Rangel. El tiempo dirá.


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