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Su corazón les dice que algún día los encontrarán

Pasan el 10 de mayo recordando a sus hijos desaparecidos

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Estas madres no recibirán nada de sus hijos desaparecidos este día; harían lo que fuera por recibir como regalo, saber de ellos.

Guadalajara, Jalisco.- Ni una rosa, ni un beso, ni un abrazo. Estas madres no recibirán nada de sus hijos desaparecidos este día. Harían lo que fuera por recibir como regalo, saber de ellos.

“Pasan los meses y, hasta ahorita, sin ninguna respuesta; ya tengo tres años pasando el 10 de mayo sin Erika y se siente uno muerta en vida”, afirma Leticia Vázquez, madre de Erika Cueto, desaparecida en Puerto Vallarta.

“Este 10 de mayo no pierdo la esperanza de que sea diferente, la esperanza seguirá viva conmigo cada día; quisiera encontrarlo, saber de él, que me llamara, que me diera una señal, que me dijera: ‘mamá, estoy vivo, cuando pueda voy a volver’… Deseo que tocara a mi puerta y poder abrazarlo”, comenta Elizabeth Urzúa, mamá de Arturo Eduardo Martínez.

Ellas han padecido un viacrucis por dependencias, dan muestras de ADN, cuelgan carteles, marchan, para no enloquecer en la búsqueda.

“Sus investigaciones, para mí, son muy vagas, muy lentas; quisiéramos, nosotros como madres, tener más avances, pero ahorita nada más es sólo la investigación… Y siento mucha indignación con el gobernador Aristóteles: ¿por qué hacer esas diferencias con los seres humanos? Todos son seres humanos y todos tienen una identidad y un nombre, ¿por qué inclinarse más por los estudiantes? ¿Y los demás desaparecidos?”, menciona Beatriz Torres, quién busca a su hijo Manuel Amante.

“Es mi primer 10 de mayo; yo le pido, por favor, al gobernador que se conduela, que realmente hagan el trabajo que tienen que hacer, que busquen a las personas… Ellos no salen a buscar a las personas, son personas de escritorio nada más”, asevera una de las madres.

Se abrazan, lloran juntas, se consuelan, se saben hermanas de duelo.

“Es como una psicología natural la que se da entre las madres, nos lamemos las heridas unas a otras, y nos animamos; seguimos en pie de lucha, aunque estemos destrozadas, sacamos un coraje del anhelo de encontrarlos… Esa, la esperanza de encontrarlos, es lo que nos mantiene en lucha, nos mantiene unidas y definitivamente ayudar a los demás es lo que más me ha ayudado; sé que es lo que más le va a ayudar a mi hijo donde sea que él se encuentre y en la manera que él lo necesite”, concluye Elizabeth Urzúa, mamá de Arturo Eduardo Martínez.

Su corazón les dice que algún día los encontrarán.


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