La apacibilidad y los valores tradicionales de La Paz fueron sustituídos por antros, aguajes y narcotráfico; necesario unirse para exigir a las autoridades que garanticen seguridad, dicen Madrugadores

La Paz era apacible pero perdió su tranquilidad a causa de los malos gobiernos, que permitieron, que toleraron o que se hicieron de la vista gorda para que los valores tradicionales fueran sustituidos por antros, por aguajes y por el narcotráfico.

A estas conclusiones se llegó en la sesión del Grupo Madrugadores en donde el periodista, escritor y fotógrafo, Francisco Arámburo Salas, presentó un trabajo con diapositivas en donde se hizo referencia a la ciudad de antaño.

A moción del coordinador del grupo, Ricardo García Soto, se hizo esta presentación para hacer una comparación entre La Paz de hace años y La Paz de ahora, que acaba de ser sacudida por un un crimen violento, perpetrado por un junior que contó con la complicidad del procurador para sustraerse a la acción de la justicia.

Ante esta situación, coincidieron todos los miembros del Grupo Madrugadores, como sociedad debemos de participar, y exigir a las autoridades que La Paz vuelva a gozar de la tranquilidad que fue proverbial de la ciudad, porque una cosa es el progreso y el cambio del aspecto físico de una ciudad, y otra cosa es que se pierdan los valores, el honor, la moral y la justicia.

Destacó Francisco Arámburo: la conducta del ser humano es producto del lugar donde crecimos y donde jugamos de niños; de la educación que recibimos y de los valores con lo que nos formamos.

En La Paz todo mundo se conocía, porque los que no eran parientes eran compadres o amigos, o conocidos que con el transcurso del tiempo se fueron haciendo amigos.

A esta capital fueron llegando muchas personas de otras entidades con un bagaje cultural, que se quedaron porque aquí encontraron campo fértil para desarrollar su profesión o su actividad; el comerciante, el ingeniero o el industrial; el periodista o el especialista, que se integraron a la sociedad y formaron su familia.

Pero por causa de un sistema que suprimió el civismo, se fueron perdiendo valores como el respeto a la familia, el respeto a los mayores, la ética, la moralidad, la puntualidad y en muchos hogares se perdió la vergüenza y la honorabilidad; los funcionarios en turno permitieron o toleraron la prostitución, la apertura de antros, la venta indiscriminada de cerveza y nada hicieron cuando el narcotráfico fue permeando en diversas capas de la sociedad.

Ahora lo que procede no es quejarse, sino de actuar para exigir a la autoridad, que respete u que haga respetar la ley; que se procure justicia, que se reforme el sistema educativo y en una palabra, que se reconstruya una ciudad mejor, porque en ella, aunque no lo pretendan, vivirá las nuevas generaciones de sudcalifornianos.

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