Homenaje al Maestro Armando Manríquez

«Lo que pinto […] soy yo en realidad», dijera Armando Manríquez alguna vez, refiriéndose a su obra, misma que fue expuesta, a manera de homenaje, en la antesala del Poliforo Cultural de la Universidad Autónoma de Baja California Sur el pasado lunes siete de junio. El homenaje estuvo acompañado de la interpretación al piano de Vicente Cardoza López.

Armando Manríquez nació en San Antonio, en el mes de septiembre del año treintaiséis del siglo XX. Para ese entonces la península era un paraíso completo y Armando lo vivía desde su San Antonio. Como muchos ahora lo hacen, salió de su Estado para estudiar en la capital, buscando el sueño del artista. Estudio la carrera de pintura, en la Ciudad de México, en la Escuela Libre de Arte y Publicidad. Debía trabajar y estudiar, hacer cualquier oficio.

Vivió poco más de veinte años en el Distrito Federal. Presentó sus trabajos de manera individual y colectiva en ciudades como Campeche, Cuautla, Cuernavaca, Tabasco y Veracruz. La presentación más importante, la que nunca olvidó, fue aquella en la Galería AltaVista de Coyoacán, donde expuso por primera vez su obra, llamada: «»Entre el olor del queso regional y el licor de damiana».

Regresó a la Baja con sus sueños aún en los lienzos, en 1983. Trabajó en la Casa de la Cultura, aquí era «un artista que venía de México» Realmente su ilusión la cumplió aquí, ya que se maestro es lo que deseo siempre y aquí tuvo muchos, que ahora se encuentran siguiendo su sendero. Armando Manríquez expuso en toda la Baja, en distintos Estados del país y los Estados Unidos. Falleció este año, con la primavera, el veintiuno de marzo.

Esta exposición-homenaje mostraba una treintena de sus pinturas y tres esculturas, que iban de paisaje sudcalifornianos, flora y tranquilidad de pangas a la orilla de un mar calmo, a autorretratos tristones e intricadas y sutiles evocaciones a la muerte. Mientras la música serpenteaba en el aire del Poliforo, amigos de Manríquez, alumnos de la Universidad y maestros, disfrutaron de la caída de la noche a las siete de la tarde, con la primera exposición post-mortem del maestro.

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