El tatuaje, un arte contracultural

Iván Gaxiola

 Los 5 principales establecimientos de tatuajes y perforaciones corporales en la ciudad tienen un fin estético en nuestra sociedad, no obedecen a rituales ni a costumbres. Semana Santa es una fecha en que lucir dibujos en la piel parece imprescindible.

La edad en que inician a tatuarse los jóvenes, de manera “ilegal” en barrios y colonias donde se entregan a los artistas urbanos del barrio es aproximadamente a los 14 años.  Los lugares establecidos exigen a sus clientes ser mayores de edad para cualquier trabajo que deseen realizarse o en su defecto ser acompañados por un responsable. La mayoría de las personas que se tatúan y perforan son mujeres y dependiendo del estudio, asisten profesionistas o jovencitos ansiosos.

La Paz de finales de los años noventa era regionalista y arraigada en su saudade. Las nuevas propuestas estéticas, como los tatuajes, se consideraban contraculturales. La sociedad sudcaliforniana no puede jactarse de influencias directas en el uso de tatuajes, el tatuarse es una  expresión de rebeldía que inicia una identificación juvenil competente a la manera de vivir que aspira un joven. El deseo de ser semejante a ese mundo de televisión y de artistas. Todavía en estos días, algunos preguntan antes de tatuarse: “¿y se puede quitar?”

Manuel Huízar fue el primero en establecerse como tatuador en esta capital. Los jóvenes empiezan a situarse en una especie de contemporaneidad nacional, en cuanto a moda e insubordinación se refiere. Después de que los jóvenes pusieran el ejemplo, los demás los seguirían. Manuel Huízar nos confiesa “los clientes más frecuentes en mi estudio son gente adulta que vienen por la privacidad y el profesionalismo.  Tengo tatuando 19 años, 9 en Guadalajara y 10 aquí”.

En la capital del Estado hay tatuadores de diferentes partes del país y Estados Unidos. Hoy en día el tatuaje es algo cotidiano y los empleadores no toman mucho en cuenta si el contratado lleva tatuajes o perforaciones. Es fácil encontrar empleados, incluso del sector público, que lleven algún recuerdo tatuado o una perforación como adorno. Los barrios y cárceles han dejado de ser la sede de este arte y cada vez menos se les considera bandidos a quienes la portan.

La Paz ha sido durante mucho tiempo el traspatio cultural del resto de México y del sur de Norteamérica, a través de la juventud y el arte contracultural sin embargo, gracias a los avances en la comunicación, por primera vez, pretende ser influencia y referente.


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