Denuncian maltratos físicos y psicológicos a internos del CRREAD Guerrero Negro

Pamela Padilla Soto

“El DIF le dijo a mi mamá que el mejor lugar para mí iba a ser el CRREAD y ahí fue en dónde me metió”.
“El DIF le dijo a mi mamá que el mejor lugar para mí iba a ser el CRREAD y ahí fue en dónde me metió”.

Expuesta la falta de regulación de la Asociación Civil Centro de Recuperación y Rehabilitación para Enfermos de Alcoholismo y Drogadicción, CRREAD, en su sucursal Guerrero Negro, donde según declaraciones de una menor de edad que egresó el pasado 15 de marzo, los internos diariamente viven situaciones de amenazas, abusos psicológicos y castigos físicos.

La joven de 15 años a la que llamaremos Luz, manifestó que fue ingresada por problemas de conducta, pero no por adicción a las drogas ni al alcohol, por lo que al llegar al CRREAD, fue advertida de que sus caprichos no se cumplirían más y la recibieron diciéndole, “bienvenida al infierno de Guerrero Negro”.

Luz narra que a su llegada, dos internas la llevaron a un cuarto donde le insistieron para que se desnudara por completo, “no me tocaron, nada más me miraron, yo no me quería quitar mi ropa interior y me decían que si no quería ser castigada que hiciera caso; una semana después me enteré que eran lesbianas las muchachas que me tuvieron desnuda por diez minutos”.

Agregó que tras vestirse, aplicando la fuerza y en contra de su voluntad, procedieron a raparla con una máquina, misma con la que le provocaron un corte en la oreja, el cual sangró mucho, pero que nunca fue atendido por un médico, asistencia que tampoco recibió tras enfermarse del estómago por la comida que les dan en dicho centro.

“La comida es un asco, te la dan toda revuelta, las verduras echadas a perder, a la comida le ponen mucha grasa para que engorden los adictos y que ya se vean recuperados; hubo casos en los que vomitaban la comida y hacía que se lo volvieran a comer porque tenía que comer a fuerzas”, manifestó Luz.

Insistió en que ella nunca sufrió de ningún castigo físico, porque siempre hizo lo que le decían, pero si pudo presenciar algunos, como el que desnudos, fueran amarrados y expuestos por horas bajo el rayo del sol, incluso escuchó que a los hombres los hincan sobre corcholatas, todo lo anterior aunado al abuso psicológico.

“Hay muchachas que están como en caso psiquiátrico y las tratan mal, las tienen traumadas, las castigan, las amarran con mecates, con las manos hacia atrás, de las muñecas y de los tobillos, en el baño, sin ropa y las acuestan boca abajo y las mojan con agua helada, las dejan un día completo; a mí me decían groserías y amenazas de que mi mamá nunca iba a ir por mi, que iba a vivir ahí para servir; a fuerzas me querían sacar que era drogadicta y yo les decía que no, que sólo era ingobernable y me decían que a las ingobernables ahí les decían putas”, sostuvo Luz.

Comentó que parte de los castigos se deben a las “cartas bomba”, que son aquellas que como único modo de comunicación escriben los internos para sus familiares, pero que nunca llegan a sus manos, porque son interceptados por las autoridades del CRREAD, debido a que cuentan detalles acerca del trato o las condiciones al interior; cabe destacar que la correspondencia no debe ser abierta.

“Cuando yo recién llegué, estaban maltratando a una que estaba parada, la castigaron por haber escrito una carta bomba, porque decía de la comida, del lugar y de todo”, aseguró Luz, quien estuvo a punto de escribir una de estas cartas, pero no le dio tiempo, pues ese día su madre acudió a sacarla, situación que no se le advirtió, dijo que Cecilia Ávila, encargada de las mujeres del CRREAD de Guerrero Negro, con groserías, le dijo que era hora de largarse.

“No me querían entregar hasta que mi mamá pagara nueve mil pesos, que corresponde a seis meses, cuando yo estuve 24 días, pero mi mamá pagó el traslado y un mes, o sea ya no pagó lo demás, porque tuvo que ir al MP de Guerrero Negro, donde dieron la orden para que me dejaran salir, pues cuando fue sola a recogerme, le dijeron que interviniera quien fuese, no me iban a dejar ir”, sostuvo Luz.

Destacó que durante su estancia en CRREAD Guerrero Negro, nunca fue sometida a pruebas toxicológicas, como antidoping, ni a tratamiento psicológico, acciones que se argumentó a la mamá, le fueron practicadas para confirmar que era adicta.

Para finalizar subrayó que la mañana que salió, la directora la trató de convencer que le contara si alguna vez se había drogado, con el argumento de ser su amiga y más tarde, cuando su salida era inminente, fue advertida de no hablar acerca de las situaciones que ocurrían dentro, ya que de otra forma las consecuencias serían peores para ella.

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