Los Cabos, con sus tres millones de turistas al año, genera empleo y riqueza para sus más de 500 mil habitantes.

Trabajar en Mónaco, vivir en Somalia

Se le atribuye al connotado y exitoso desarrollador turístico Ernesto Coppel Kelly la frase de “Cabo es un desarrollo a la altura de Mónaco, pero rodeado por Somalia” *

Los Cabos, con sus tres millones de turistas al año, con una creación de ingresos en divisas superior a los tres mil millones de dólares anuales, genera empleo y riqueza para sus más de 500 mil habitantes, amén de inversionistas, agencias de viajes, tour operadores, líneas aéreas, suministradores de alimentos, y un largo etcétera. Pero, como en una cebolla, el espesor de las capas es diferente, y unas tapan a las otras. Las más ricas y jugosas no se ven, están en el interior y son las más pequeñas. Las exteriores son las más débiles, las más delgadas, pero las más grandes. Vamos a intentar irlas abriendo una a una, pero para muestra, dos botones:

La más rica y jugosa de la cebolla: Los Cabos ya alcanza los veinticuatro mil cuartos hoteleros legales (luego hablaremos también de los ilegales, más de diez mil); la facturación promedio reconocida por habitación hotelera es de noventa mil dólares al año, con una utilidad bruta de treinta mil dólares. Al apartado de sueldos y prestaciones para empleados se destina un promedio de cinco mil dólares, de los cuales dos mil son para ejecutivos y tres mil para limpieza, aseo, meseros, asistentes de cocina, etc; Los empleados son poco más del cinco por ciento de los ingresos. Si quiere saber cuánto gana un hotel de lujo, multiplique su número de cuartos por treinta mil dólares.

Bueno, pues este maravilloso negocio en auge, que hace crecer cuartos hoteleros en todas partes, saltándose los reglamentos de construcción a fuerza de mordidas millonarias anuncia, usando la voz del Gobernador, que “se cuelga la medalla”, dos vuelos semanales directos desde Londres de la empresa alemana TUI, para llenar los cuartos de su empresa subsidiaria Hotel Ríu, recién en construcción en medio de un arroyo, donde el plan de desarrollo señalaba una salida al mar. ¡Bravo! seiscientos cuartos con una utilidad de treinta mil dólares por cuarto, consolidará en el balance de la empresa germano-hispana ciento ochenta millones de dólares todos los años. ¡Este Cabo es mejor que Mónaco en rendimiento económico!

Ahora la débil, la delgada, la casi seca hoja de fuera. Con esta operación se generan quinientos nuevos puestos de trabajo, quinientas familias nuevas para Los Cabos, para ganar menos de 3,000 dólares al año. Sin ahorros, improvisados, como avalancha similar a la marcha de inmigrantes hondureños que nos muestra la televisión estos días, irán llegando los empleados del sur del país para ocupar los trabajos recién creados por Luis Ríu de Hoteles Ríu, regenteados por Isaías González, dueño de esa mafia llamada CROC. ¿Dónde vivir, donde instalarse? Ese ya no es problema ni de Luis Ríu ni de su regenteador Isaías González. Para eso están los “líderes sociales” que, asociados con los políticos de turno, ayudan, “por una lanita” a invadir terrenos y asentarse en precario.

Las autoridades, paralelamente analizarán como sacarles jugo a los recién llegados. Ahora el Secretario Federal de Turismo, los del INFONAVIT y los del Gobierno del Estado salieron con la ocurrencia de hacer un pueblo aparte para ellos en Santa Anita, lejos de todo, empezando por su trabajo. ¿Será para que no apesten?.

Iremos desarrollando este reportaje por capas, empezando por la exterior, la más sufrida la más golpeada. Comenzaremos mirando Los Cabos desde los ojos de cuatro personas que llegaron desde fuera y ahora viven en una invasión similar a las de Somalia: Una camarera de piso, un mesero, un trabajador de construcción y una teibolera. ¿Alguna sugerencia?. Aceptamos más personajes.

*Le faltó al Sr. Coppel añadir que en nuestro caso, las autoridades de Mónaco no son principescas, son también de Somalia.

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