Precandidaturas y vacíos legales

Diana Cuevas 

Actualmente existe poco margen para controlar las precampañas, mientras no se delimite legalmente cuándo una precampaña está inmersa en una campaña electoral y cuándo se trata de simple libertad de expresión ciudadana, una tarea nada fácil de la cual los partidos políticos estatales y sus candidatos intentarán sacar el mejor provecho posible.
Actualmente existe poco margen para controlar las precampañas, mientras no se delimite legalmente cuándo una precampaña está inmersa en una campaña electoral y cuándo se trata de simple libertad de expresión ciudadana, una tarea nada fácil de la cual los partidos políticos estatales y sus candidatos intentarán sacar el mejor provecho posible.

Baja California Sur se encuentra en la antesala de elecciones para gobernador, presidentes municipales y diputados locales, y la carrera de los militantes al interior de los diferentes partidos políticos para elegir a sus candidatos ha comenzado, causando con ello el llamado periodo de precampaña. Las precampañas han constituido para los institutos electorales, Federal y Estatal, un dolor de cabeza, debido a los numerosos debates que han generado, sin que ello  signifique necesariamente una clara regulación de la ley electoral mexicana al respecto.

Constantemente escapan al control legislativo electoral actividades anticipadas por militantes o ciudadanos, mismas que están encaminadas a la futura obtención de votos o apoyos con la finalidad de ganar la candidatura al interior de algún partido político, como lo son la promoción en internet de páginas de futuros candidatos o la creación de diversos grupos, frentes o asociaciones de apoyo que reparten desde calcas para pegar en su automóvil hasta regularización de predios.  Existen voces en contra de dichas actividades que señalan una alteración en el principio de equidad electoral, pero también quienes argumentan su validez, señalando que mientras no haya una categoría de candidato oficial se traduce en un asunto personal y privado. Actualmente existe poco margen para controlar las precampañas, mientras no se delimite legalmente cuándo una precampaña está inmersa en una campaña electoral y cuándo se trata de simple libertad de expresión ciudadana, una tarea nada fácil de la cual los partidos políticos estatales y sus candidatos intentarán sacar el mejor provecho posible.

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