Poca esperanza para las últimas 30 vaquitas marinas

Con la creación de un espacio delimitado que las proteja buscan salvar a los últimos ejemplares

vaquita

Solo quedan tres decenas de vaquitas marinas en vida silvestre, y según el último informe la población se ha reducido un 90 por ciento en el último lustro.

La Paz, Baja California Sur.- Con delfines adiestrados para su localización, y la creación de un espacio delimitado que las proteja de sus amenazas, las autoridades buscan salvar a los últimos 30 ejemplares que se estima quedan de la vaquita marina.

“Buscamos capturar algunas vaquitas marinas y ponerlas en un santuario temporal, para que en un momento dado reingresen al Golfo de California”, dijo Lorenzo Rojas, coordinador de Investigación y Conservación de Mamíferos Marinos del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, un órgano desconcentrado de la Semarnat.

Agregó que en el más reciente reporte del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita Marina denunció una alarmante cifra: Solo quedan 30 vaquitas marinas en vida silvestre.

De acuerdo con el mismo informe, la población ha declinado en un 90 por ciento en los últimos 5 años. De 2015 a noviembre de 2016, la cifra pasó de 60 a 30 animales.

La principal causa de muerte de la vaquita marina son las redes de pesca, especialmente aquellas que se usan furtivamente para pescar la totoaba, un pez cuya vejiga natatoria se vende en el mercado negro a miles de dólares el kilo y especialmente en Asia, donde se le atribuyen propiedades rejuvenecedores e incluso afrodisíacas.

Hay pocos datos al respeto, pero se tiene por ejemplo un registro de 128 vaquitas enmalladas en artes de pesca entre 1985 y 1992, un 65 por ciento en mallas para atrapar la totoaba, dijo Rojas.

Las amenazas son conocidas desde hace años y es ahora, cuando la vaquita marina se halla al borde de la extinción, que las autoridades trazan un plan “in extremis”, lleno de obstáculos pero imprescindible.

“En primer lugar se han de localizar las vaquitas, luego capturarlas y luego mantenerlas en confinamiento. Son varias etapas y cada una tiene sus riesgos e incertidumbres”, explicó Jorge Urbán, profesor, investigador y responsable del programa de Investigación de Mamíferos Marinos de la Universidad Autónoma de Baja California Sur.

El también miembro del Cirva recordó que “esto no se ha hecho nunca antes” y apuntó que el espacio que se busca dar a la vaquita, probablemente una bahía cerrada con redes o alguna estructura, tiene el afán de reducir al mínimo “los peligros posibles”.


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