Fuera del alcance de los tortilleros mantener el precio. Ahora el kilo cuesta 13 pesos
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Rosa Guadalupe Pérez Bravo, propietaria de la tortillería Bravo, en el mercado Bravo, y ex presidenta estatal de la Cámara Nacional de la Industria de Masa y Tortilla, explica que la crisis del producto se remonta al salinato, cuando éste entregó concesión a Roberto González Barrera, su cuñado.

Es un hecho, la tortilla ha subido un peso por kilo, ahora se coloca en trece pesos en la mayoría de los establecimientos.

A partir del primero de marzo los maquiladores de la tortilla recibieron la noticia del aumento, si bien, los consumidores se ven afectados, los productores no salen nada bien parados de este brusco cambio, que para ellos significa un aumento directo de 70 centavos por kilo, sólo en lo que respecta a la harina.

GIMSA comercializa harina de maíz en México bajo la marca MASECA, y es de ahí de donde se deriva el problema, los maquiladores dicen sentirse ahorcados por la compañía y piden a la población comprensión e informarse sobre la raíz del asunto, no sólo culpar a las tortillerías, que son quienes más salen perdiendo, a su parecer.

Rosa Guadalupe Pérez Bravo, propietaria de la tortillería Bravo, en el mercado Bravo, y ex presidenta estatal de la Cámara Nacional de la Industria de Masa y Tortilla, explica que la crisis del producto se remonta al salinato, cuando éste entregó concesión a Roberto González Barrera, su cuñado.

“Esto es grave”, dice Pérez Bravo, “en el aspecto de que para uno es muy difícil hacerle frente a cosas que están fuera de nuestro alcance […] nosotros no somos los villanos, somos parte de los consumidores también”.

La comunicación entre la harinera y los maquiladores es bastante vaga, no es un trato personal, en lo más mínimo, “todo lo mandan a corporativo”, por lo que el rostro del monstruo es siempre un “aviso importante” que no puede ser refutado, en esta ocasión la harina más barata, la “Clásica Normal”, subió de $7, 250 a $8, 550 por tonelada. “A ellos no los molesta nadie, con nosotros es el acoso de la PROFECO”.

La propietaria de Tortillería Bravo explica que deberían verse estos negocios como lo que son, fuentes de empleo. “Si a mí no me dejan ajustar el precio de la tortilla, [hay que] reducirles las horas a ellas y reducirles el sueldo [indicando a las empleadas, que ganan $150 pesos diarios y cuentan con todas las prestaciones], ¿a quién le afecta?, les afecta a ellas y me afecta a mí”.

Otro de los puntos que refiere, es la cuestión del papel y las bolsas de plástico, mismos que generan una serie de gastos, pero que no pueden ser cobrados, pues el precio de la tortilla sería excesivo. “Si yo valoro 20 centavos por kilo, de papel, pero en un kilo, cuántas personas hay que vienen y me compran de a tres pesos […], pero no el kilo”.

En algunos sitios sigue vendiéndose en $12 el kilo de tortilla, pero sin papel, uno debe llevar algún trapo para envolverlas, con papel cuesta $13 definitivamente. Súper mercados como Wal-mart y Aurrera venden hasta en $5, 50 el kilo, sin embargo es de una harina no contemplada dentro de los precios ofrecidos a las tortillerías, más barata y de mucho menor calidad.

http://www.youtube.com/watch?v=A0BMIYxeh5s

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