Exigiendo alimentos, se amotinan un centenar de reos del Cereso cabeño
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Cientos de reos del Cereso de San José del Cabo se amotinan para exigir que les den de comer.

San José del Cabo, Baja California Sur.- Según versiones extraoficiales, minutos antes de las 2 de la tarde, un centenar de reos del Centro de Reinserción Social  (CERESO) de San José del Cabo, se amotinaron para rebelarse en contra de los custodios, en señal de protesta por no haber recibido alimentos desde al menos la noche anterior.

Tras darse a conocer la noticia y casi de inmediato, autoridades ministeriales, policía preventiva, de tránsito y municipales, así como elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, resguardaron el lugar prohibiendo el paso a medios de comunicación y familiares que llegaban a la horas de visita.

Debido a la situación que ocurría al interior del CERESO, el personal administrativo; de trabajo social; de mantenimiento, intendencia y de la cooperativa fueron desalojados. Pero más allá de poder brindar alguna información que calmara las lágrimas de algunas de las madres de custodios que ahí se encontraban, hacían comentarios de lo que les sucedería una vez fuera controlado el incidente.

“Por miedo a represalias en contra de los familiares que tenemos adentro, nos quedamos callados; pero todavía de pilón tenemos que aguantar que se estén burlando los que trabajan aquí en el Cereso. Los estoy escuchando, dicen que directito se van a ir todos a segregados”, con voz entrecortada declaraba una señora.

Un grupo de personas que en tensa calma aguardaban a las afueras, decidieron hincarse y orar por el bienestar de sus seres queridos, argumentando que ellos ya están pagando por sus errores y no necesitan continuar con castigos, menos cuando se trata de un derecho como es el contar con alimentación.

Minutos más tarde, grupos de policías antimotines y al menos dos camiones del Cuerpo de Bomberos de San José del Cabo ingresaron, alarmando aún más la angustiosa espera de quienes aguardaban al exterior, que entre sollozos, reclamaban información a los militares y policías preventivos.

Mientras tanto, algunos familiares aprovechaban que el paso de los minutos parecían horas, para ante la prensa local manifestar algunas otras inconformidades acerca de los malos tratos de los que son víctimas cuando acuden a visitar a sus familiares, “nos hacen desnudarnos y hacer sentadillas para asegurarse que no traigamos droga metida en nuestras partes íntimas, y no nos dejan traerles comida, como si se permite en La Paz”.

De pronto, a lo lejos, fue posible escuchar varios golpes metálicos, acompañados de claros gritos de exigencia de los reos, “¡comida, comida, comida!” “¡queremos comer!” y “¡tenemos hambre!”, lo que intensificaba el vía crucis emocional que se vivía afuera del penal.

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Convoy tras convoy con militares encapuchados y armados, así como personal de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y Policía Estatal, fue el vaivén que aconteció durante el transcurso de la tarde.

Convoy tras convoy, con militares encapuchados y armados, así como personal de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y Policía Estatal, fue el vaivén que aconteció durante el transcurso de la tarde, pero también en algún momento se permitió la entrada a una panel blanca que argumentaban, era la que traía la comida para los internos.

Con el Cerro del Picacho como testigo de los hechos, y poco antes de que cayera la tarde, un grupo de al menos seis internos vestidos de amarillo, se montaron en el techo del penal, desde donde fue posible verles lanzando al vacío grandes pedazos de concreto e incendiando colchones. Minutos después de que la puesta del sol, personal de la Coordinación de Derechos Humanos del Municipio de Los Cabos arribó al lugar, para asegurarse de que sus derechos no fueran vulnerados, “deben de respetarlos como personas y seres humanos, vamos a tratar de ver cómo está la situación allá adentro y poder informar a toda la gente que está aquí”, puntualizó su titular, Jesús González Ceseña.

Al pasar al menos 30 minutos sin poder ingresar, fue que como medida de presión para exigir que tanto Derechos Humanos como los medios de comunicación tuvieran acceso, el grupo integrado por al menos 50 personas, se colocaron como valla humana para impedir el acceso de las autoridades estatales y ambulancias que continuamente ingresaban al Cereso, logrando que la dicha coordinación municipal tuviera acceso.

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Familiares vivían un vía crucis a las afueras del penal de media seguridad.

Aproximadamente a las 8 de la noche fue que Armando de la Toba Polanco, Director General de los Centros de Reinserción Social en la entidad, se presentó ante la gente reunida al exterior, “para contestar cada una de sus dudas y preguntas”, pero sobre todo aclararles que no había heridos y que al interior no había ocurrido ningún tipo de violencia.

“No hay ningún herido, simplemente los muchachos tienen sus exigencias y estamos en proceso de cumplirlas y de salir adelante en esta situación, pero en todo momento se han respetado sus derechos humanos, es cierto, están un poco acelerados y están gritando, pero también ha habido una cantidad significativa de internos que nos hicieron del conocimiento que no querían problemas y ya están en otra área”, puntualizó.

Sin poder aclarar si el motivo del motín fue la falta de alimentos, de la Toba subrayó a los familiares y massmedia, que al interior del CERESO deben existir una intensa disciplina y muchos de los internos, sobre todo aquellos con características de líderes, no están acostumbrados a tenerla, así como a someterse al reglamento.

“Sería muy aventurado de mi parte dar una explicación, porque ahorita estamos en proceso de dar cumplimiento a las demandas que ellos exigen. En su momento se dará a conocer porque aquí no se trata de ocultar absolutamente nada, por el contrario; por ninguna circunstancia voy a permitir que nadie bajo mi mando vulnere o tuerza la ley, pero también quiero ser muy preciso con ustedes, aquí estamos para solventar y arreglar los problemas que hay, pero no para cumplir caprichos, que ante todo se sepa que ellos tienen que estar conscientes que están purgando una pena; aquí el origen de todo es que no se les vayan a vulnerar sus garantías individuales”, sostuvo el licenciado de la Toba.

Mientras dialogaba con los familiares y la prensa, se escucharon al menos tres fuertes explosiones que alarmaron a las personas, quienes a pesar de que se les solicitó guardaran la calma, el pánico se apoderó de ellos y el orden se salió de control, lo que aprovecharon para correr hacia la entrada principal e intentar saber con mayor precisión lo que ocurría.

Se dijo que los estruendos escuchados, fueron bombas de sonido que las mismas autoridades lanzaron para dispersar a los internos que quedaban fuera de sus celdas, con la finalidad de que por su propio pie tomaran la decisión de dar por terminado el motín, pero sin que les causara ningún daño a su integridad física.

Hasta minutos antes de las 9 de la noche se escuchaban gritos, aunque un poco más dispersos, pero era notable una gran columna de humo, que fuentes que estuvieron en el interior, revelaron que se debió a que incendiaron la biblioteca, las computadoras, el área de talleres, colchones y la cocina, lo que al cuerpo de bomberos le costó un mayor esfuerzo sofocar.

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Al menos seis internos vestidos de amarillo, se montaron en el techo del penal, desde donde fue posible verles lanzando al vacío grandes pedazos de concreto e incendiando colchones.

A la salida de los integrantes de Derechos Humanos, un poco después de las 9 de la noche, se supo que la situación había sido controlada y que a los familiares que permanecían al exterior, se les prometió ingresar y aunque sea por unos breves minutos, platicar con sus internos y asegurarse que se encontraban en óptimas condiciones.

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