El soborno después de la agresión

Iván Gaxiola 

Después de ser golpeado por unos rufianes, José tuvo que soportar ser humillado por policías doblegados por mil razones de peso.
Después de ser golpeado por unos rufianes, José tuvo que soportar ser humillado por policías doblegados por mil razones de peso.

Un joven golpeado en la terraza del bar Papas&Beer, culpa de corrupción a las autoridades que lo atendieran durante el incidente. El afectado quiso guardar anonimato ante la prensa, pero no se molestó en contar su situación, el cómo de lo ocurrido; pues las autoridades no lo escucharon, pero por este medio, la gente puede saber qué onda, nos dice como motivo de su confesión anónima.

Y es que “José”, como lo llamaremos para guardar su identidad, tenía miedo de contar lo ocurrido hace ya más de un mes, sin embargo hoy lo dice. José cuenta haber estado en el bar un domingo, al día siguiente no habría clases y el Papas, por error, dejó pasar a todo mundo, así que estaba bien lleno, machín, fue por eso que me salí a la terraza, por lo sofocado.

Afuera, en la terraza, José tuvo problemas con tres tipos que terminaron pateándolo en el suelo, llegó el guardia y me sacó a mí, pues claro, ellos tenían una botella y yo una media. Cuando se recuperaba, en el estacionamiento de la Plaza Vista Coral, uno de los agresores había bajado detrás de él y el pleito continuó. Llegaron otros cinco y salí corriendo sobre la Abasolo y cerca del cárcamo vi una patrulla y los paré, les expliqué lo que me había pasado y luego llegaron corriendo los otros batos (…) con el que tuve el pleito al principio, en la terraza de Papas&Beer, le ofreció quinientos bolas a uno de los policías, “a mí no me vas a sobornar” le dijo. Bueno, te doy mil, le dijo el otro bato y sacó la feria de su cartera y me subieron a la patrulla todo puteado y sin un zapato.

José cuenta que no sólo esto le ocurrió, sino que el certificado médico que avalaba sus lesiones fue roto en su presencia y que los policías que recibieran el soborno, sacaron de la cartera de José su credencial de elector para dar a conocer su dirección a los agresores del bar, para futuros planes. Por eso José no hablaba, hasta el día de hoy.

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