¿Sesión legislativa o Kermés?

Erik I. Murillo 

El debate sobre leyes y temas que importan, simplemente no existe, porque todos los asistentes que se dan cita en el congreso, van a dormirse, aburrirse y a hablar todo el día con quien se les ponga en frente, como si se tratase de un grupo de sexto grado de primaria.
El debate sobre leyes y temas que importan, simplemente no existe, porque todos los asistentes que se dan cita en el congreso, van a dormirse, aburrirse y a hablar todo el día con quien se les ponga en frente, como si se tratase de un grupo de sexto grado de primaria.

Las sesiones en el congreso local, más que un trabajo serio y dignificado por los diputados que se sientan en los curules, son una fiesta con gritos, risas y comida, como en cualquier oficina estigmatizada de burócratas.

Mientras el mono (otro diputado) que se para frente al pódium habla sobre iniciativas, reformas y modificaciones a las leyes, que según estos, importan a la ciudadanía de nuestra entidad, más de una docena de diputados se la pasan hablando entre ellos, atendiendo el celular, recibiendo la frutita picada, comiendo raspados, carcajeándose de los chistes de otro, etc etc.

El debate sobre leyes y temas que importan, simplemente no existe, porque todos los asistentes que se dan cita en el congreso, van a dormirse, aburrirse y a hablar todo el día con quien se les ponga en frente, como si se tratase de un grupo de sexto grado de primaria.

La diputada Treviño, la más inquieta de todos los “niños”, camina de un lado para el otro, mueve su silla con rueditas desgastadas por el andar, de lugar a lugar, se para y se sienta, como si fuera uno esos infantes con hiperactividad, que lo que necesitan es ponerlos a hacer algo para que se queden quietos. Como dirían en el verbario popular, ella está en todo, menos en misa.

El diputado Ariel Castro, presidente de la comisión, se pasa todo el día platicando con quien pase por un lado, nunca se le ve prestar atención a lo que se está discutiendo en tribuna, sólo funciona como un ente omnipotente, que “modera” a todos para que se queden quietos.

Quien estuvo haciendo osos durante todo el discurso, fue el diputado Francisco Javier Rubio, que durante su intervención para dar a conocer los nominados a la medalla de Néstor Agúndez, cometió muchísimas inconsistencias en su lectura, dejando clara su poca capacidad para leer un simple texto, aparte de evidenciar que las clases de inglés nunca fueron su fuerte en la secundaria, ya que durante la lectura del currículum de uno de los contendientes, el diputado se saltaba los párrafos que tenían palabras anglosajonas o difíciles de pronunciar, para no hacer obvia su profunda ignorancia en ese idioma.

La fotografía que ilustra esta nota, es una muestra de lo bien alimentados que están nuestros diputados locales, en donde uno se sienta, como si estuviera  en el pupitre de una aburrida clase de español en la secundaria. La imagen deja claro, que hay mas disciplina en una secundaria, que en el mismo congreso, ya que en la escuela tan siquiera, te exigen no comer dentro del salón.

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