…Y Dios creó a Bardot

BB cumplió 80 años

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Símbolo sexual de los 60 y defensora de los derechos de los animales, llega a su octava década de vida.

Ciudad de México.– Cómo ser un símbolo sexual y no morir en el intento, cómo tomar la decisión de retirarse en definitiva del cine después de los 40 años tras la fiebre de la bardomanía, para encerrarse, hace casi medio siglo, en su mansión (conocida como La Madrague, en Saint Tropez) convertida al paso del tiempo en una casa—refugio, donde viven más de mil animales que fueron abandonados y desde ahí predicar con el ejemplo para detener el maltrato.

Es BB para quienes la llaman con cariño y admiración, pero es Brigitte Bardot para el mundo, la que a sus 80 años, vegetariana por convicción, sin ninguna cirugía plástica en su rostro y cuerpo, con cuatro maridos en su haber, es la misma que no deja de levantar la voz: “El mundo de hoy en día no me gusta, si fuera diferente quizás viviría menos retirada”.

Y es que ni ella misma pudo calcular lo que el destino le deparaba: “De pequeña no era guapa, usaba lentes y tenía estos dientes grandes”, se sinceró en el programa de France 2, Un día.

Nacida en París, en 1934, arropada por una familia acomodada —su padre era dueño de una fábrica de bombas de oxígeno—, la pequeña Brigitte hizo contacto con el arte desde que aprendió a caminar: tomó cursos de solfeo, dibujo y ballet, disciplina, esta última, que la llegó a cautivar. Quiso ser bailarina, pero su madre la orientó hacia el mundo de la moda, que la atraparía sin remedio (a los 14 años consiguió su primera portada en la revista Jardín de modas y un año después obtuvo la portada de Elle). La puerta de entrada al cine estaba a la vista: BB se convertiría en una de las primeras modelos que el cine arropaba.

La belleza y la sensualidad de la incipiente actriz, de la Lolita francesa, causó furor en el cine… y en su vida amorosa. En 1950 conoce a un asistente de cine que la cautiva: Roger Vadim. Con amor de adolescente quiere casarse con él a los 16 años, pero su padre se opone y así llega su primer intento de suicidio, pero también su debut fílmico en Le Trou Normand, en 1952, a los 18.

La atracción por Vadim no cesó y se convertiría en su primer esposo, y también en su mentor. Vadim le abrió el camino hacia las celebridades y el escándalo: la llevó al Festival de Cannes, la hizo posar descalza, despeinada, sin poses, liberada, la antítesis del cómo debe ser y comportarse, en ese tiempo, una estrella de cine.

El ojo clínico del fotógrafo y realizador detonaron su carrera cuando la dirige en 1956 en Y Dios creó a la mujer, la película en la que se sintió más cómoda, más ella, más Bardot: aparece como una adolescente inmoral, provocando a la sociedad puritana de la época y encarnando, como nadie, el deseo, así al natural. Su fama traspasó fronteras al igual que su reputación, sin dejar a un lado las críticas de ser una muy mala actriz lo que ella aceptó años más tarde: “Empecé siendo una pésima actriz y eso es lo que he seguido siendo, una pésima actriz”.

Dos años después de Y Dios creó a la mujer, en el Vaticano, BB es considerada oficialmente “la encarnación misma del pecado”, no por nada años después la filósofa Simone de Beauvoir publica el libro Brigitte Bardot y el síndrome de Lolita. El escritor Jean Cocteau no se queda atrás y dice de la rubia: “Posee algo desconocido que atrae a los idólatras en un tiempo sin dioses”.

La dosis exacta de inocencia extrema y erotismo extremo volvió un icono a Bardot, fue solicitada por los más grandes directores franceses, pero hubo uno a quien la actriz dijo sí de inmediato: Jean — Luc Godard, con quien filma Le mépris (1963), pese a sus diferencias ideológicas por ser un “intelectual repulsivo e izquierdista”.

Como lo hiciera en su momento Greta Garbo, la actriz y modelo francesa tomó una decisión drástica, que al principio pareció un ardid publicitario: después de los 40 años Bardot anunciaba su retiro definitivo, no sólo del modelaje, sino de la actuación, para dedicarse por entero a defender los derechos y evitar el maltrato a los animales.

En su nueva vida, la exactriz y modelo fue condenada cinco veces por incitación al odio por sus escritos contra la homosexualidad y los musulmanes y por los ataques a los políticos que han permitido la “islamización y la pérdida de valores de Francia”. Hasta su hijo Nicolas la demandó por violación de su intimidad por dar detalles de su relación en una publicación.

Brigitte Bardot no fingió su retiro definitivo. Su razón fue más poderosa que la fama, el dinero y el poder: “Di mi belleza y mi juventud a los hombres. Ahora daré mi sabiduría y experiencia a los animales”.


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