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Un arte que se lleva en la piel

La talabartería parte de la cultura sudcaliforniana

Fermín Reygadas

Catedrático de la UABCS, Fermín Reygadas, habló sobre la talabartería en Baja California Sur.

La Paz, Baja California Sur.- La talabartería, el laborioso arte de trabajar el cuero y transformarlo en artículos de alto valor humano y económico, es un conocimiento ancestral que forma parte de la cultura sudcaliforniana.

Anterior a la llegada de los españoles a la península en el siglo XVI, los antiguos californios ya utilizaban el cuero para fabricar pequeños atuendos, cuerdas y otros artilugios. El pirata inglés George Shelvocke, en uno de sus dibujos realizado en 1613, retrató a dos mujeres de la época que vestían gamuzas de piel de venado con las que se cubrían.

Posteriores excavaciones arqueológicas, han encontrado que algunas culturas nativas del sur de la península utilizaban gamuzas curtidas para envolver a sus muertos en ceremonias fúnebres. Otras fuentes históricas señalan que los pericúes utilizaban el buche de los pelícanos como ánforas para guardar agua.

De acuerdo al M.C. Fermín Reygadas Dahl, profesor-investigador del Departamento Académico de Economía de la UABCS, el trabajo de la piel animal es una actividad que predomina en todas las comunidades humanas. Sin embargo, algo característico de los antiguos californios fue el uso de taninos vegetales para tratar las pieles crudas, evitar su descomposición y darle mayor flexibilidad, proceso denominado curtido.

Para la época colonial, el atuendo de los soldados y los vaqueros era de gamuza blanca. No obstante, cuando se extiende el dominio español y se establecen las primeras misiones en la península, el color de la gamuza trasmuta adquiriendo el color carnoso característico del “mezquitillo” de BCS, técnica que quizá aprendieron de los indígenas, como lo señala el catedrático universitario.

En la actualidad, el curtido de la piel y la talabartería en BCS pertenecen a dos procesos distintos, en donde muchas veces quien trata el cuero del animal se limita sólo a vender el material al talabartero; quien a su vez, se encarga de transformarlo en piezas únicas como polainas, monturas o demás artilugios.

Reygadas Dahl señala que el método tradicional de producción de piel sudcaliforniano cumple muy bien con las necesidades de los ranchos porque cuenta con excelente calidad, fortaleza e, inclusive, es muy atractiva visualmente; finalizando que, para arreos de caballos, “esta piel es de primera”.


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