Terrenos en Cabo San Lucas

Se acabaron las lunas…

El Museo de Historia Natural de Cabo San Lucas recibió por última vez a la comunidad literata.

El Museo de Historia Natural de Cabo San Lucas recibió por última vez a la comunidad literata.

Sábado 16, último día de Lunas de Octubre. La noche anterior algunos se habían ido temprano a las habitaciones, los que no,  platicaron con música de Mercedes Sosa junto a la piscina del Comfort Inn, otros llegaron, leyeron, se fueron, pero el equipo del poeta, periodista, cronista, columnista, loco entrañable Edmundo Lizardi, el cineasta Josué “Fellini (o Fallini, dijera Silvia Tomasa) de Chametla” Alemán, Julio César “Bugs” Félix, Octavio “Bibliorock” Hernández, y su séquito, tuvieron aquel otro lado del encuentro, la buena parte que no se olvida y por eso se vuelve, de eso también se trata.

El Museo de Historia Natural de Cabo San Lucas recibió por última vez a la comunidad literata. La jornada estuvo un tanto retrasada, la mitad se levantó tarde y tal vez una cervecita despertando para aguantar, pero los organizadores se ajustaron al tiempo, a pesar de la descompostura del camión de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. Se contrataron camionetas y un autobús para el traslado. Como reyes.

El taller a cargo del escritor Raúl Antonio Cota, con seis escritores de la Baja Sur, Ciudad de México y Chiapas, dio inicio a las mesas de exposición. Mercedes Reynoso Moreno, Calafia Pozo Martínez, Cecilia Domínguez y Grosso, ofrecieron a tres voces poesía de dolor, erotismo, asombro, demostrando que las generaciones son ideológicas, más que temporales, pues la diferencia de años entre ellas no afectó en lo más mínimo la relación entre sus versos.

“Periodismo cultural”, segunda mesa del día y novena del encuentro. Miguel Ángel Quemain inició una de las mesas más sólidas e interesantes de esta edición. Se refirió a la crisis cultural de los periódicos actuales en México, donde el arte y la cultura se limitan a espectáculos populares, dejando la calidad que permeaba el periodismo, hecho por escritores, olvidada. Quemain recordó que debe de existir especialización en los géneros periodísticos, pues muchas veces los escritores son más historia personal que reportaje. El periodismo cultural ha tenido que evolucionar con la tecnología para alcanzar amplitud y contemporaneidad. Actualmente la verdadera labor de periodismo en este género se da en sectores aislados, explicó Miguel Ángel, periódicos de los estados que trabajan de manera independiente, en línea y con jóvenes. Le siguió Enrique Atonal, de Radio Francia, quien lanzó una certera frase al referirse al tema: “El periodismo cultural tiene la talla de aquel que lo practica”. Al ser parte de la radio parisina, su visión se extiende más allá de los medios escritos. Para Atonal no sólo existe una crisis que compete a los periódicos en materia de cultura, sino en medios como radio y televisión, de la misma manera, “pienso, radio, como difusión cultural, como periodismo cultural, hay que tratar de abrir esas puertas”, insistió. Después vino Ignacio Trejo Fuentes, que apoyó la idea de la difusión a través de los medios que la tecnología ofrece, mas instó a no olvidar la parte tangible de la práctica, la verdadera investigación y presencia, acercarse a las redacciones de los periódicos, saber el chisme, estar presentes en las actividades que se reportan, ya que el internet, por ejemplo, ofrece noticias inmediatas que los periodistas suelen recoger de la red para hacer una “mezcla inmunda” que llaman nota o reportaje, según lo referido por el maestro Trejo. Por último y para nada menos importante, la memoria rockera más en onda del Norte, Octavio Hernández Díaz, reportero desde hace más de 20 años y director de la revista “TijuaNEO”, presentó el número 41 en el tercer año de esta publicación que va desde deportes hasta la vida al ras de calle, con olor a cerveza, humo y asfalto. Octavio Hernández dio lectura a  El último rincón del clímax, donde pondera la vida tijuanense de caos y conciertos de rock. “Hablando de comunicación, personalmente yo, desde pequeño, me decía comunicador, yo me iba a la escuela y cuando regresaba le hacía una crónica perfecta a mi mamá de lo que había pasado desde que llegué a la escuela hasta la casa”. Un personaje.

Hora de comer y esperar el fin, la última mesa, la extraordinaria. El mitológico Hotel California, ensalada césar con parmesano y crotones al pesto, arrachera, filete de pescado, café, pastelito tres leches, “tómame una foto aquí, que se vea el nombre, me voy a llevar el menú como evidencia”; sin quejas aparentes. Enrique Servín contaba a sus comensales compañeros cuentos de Clarice Lispector y traducía palabras al árabe para Claudia Luna, mientras se abría campo para Mario Z. Puglissi, Julio Ortiz, Álex Campos, Pío Gabriel, Alejandra Robles, Edmundo Lizardi y Silvia Tomasa Rivera.

Z. Puglissi leyó poemas de El impulso de tocarlo todo, acercándose a las mesas y viendo directamente a los ojos. Aplaudido tras cada poema, Puglissi fue de lo mejor del encuentro. Julio Ortiz tuvo su día de suerte, ya que, después de confesarse pésimo para leer en voz alta, nada más y nada menos que Rosina Conde dio lectura a uno de sus relatos erótico alienígenas. Edmundo Lizardi llegó tarde e interrumpiendo, con sonrisita de no se acaba la fiesta y un cineasta personal tras suyo, Fellini de Chametla. Lizardi invitó a despedir el evento a Bibliorock y a Rosina Conde, ponderando la poesía de Silvia Tomasa, que recitó a memoria y aliento. Lizardi leyó la nueva edición de Baja Time, que Álex Campos publicó desde Cuernavaca, el mismo Campos ahondó en su poesía de descubrimiento y asombro, para ser seguido por Pío Gabriel, su Flow y Robles.

St. James Infirmary fue el himno final. Rosina Conde con el blues que le habita el alma y a capela, cerró en grande en el Hotel California cantando aquella canción funeraria que sonó a renacimiento a esas 18 horas únicas de Todos Santos.

De vuelta al Comfort Inn y desperdigarse por Cabo. Quienes se quedaron en el hotel con Bacardí blanco, cantaron a José Alfredo estilo rumba, al ritmo de bongos debajo de las manos de Álvaro Martínez, “a mí dime negro” decía con cigarrito en la boca.

Para finalizar, domingo 17 de octubre y la cabeza dando vueltas para la mayoría. Camión listo y mejor tomarse una cerveza para revivir. El camión de regreso lleno de personalidades como Tomasa Rivera, Rubén Rivera, Miguel Ángel Quemain, Bibliorock, Rubén Rivera, Mario Z. Puglissi, Rosina Conde y para qué mencionar más, todos a La Paz y lo que sigue, hasta las Drogas de Junio, Poquita Fe, las otras Lunas y no parar de crear.


* * *


3 Responses to Se acabaron las lunas…

  1. Poeta 18/10/2010 en 7:33 PM

    Ese evento es una borrachera de cuahutemoc murillo con el “escritor” lisardi ni al caso tanto recurso tirado a la basura

  2. Rigo Lucero 18/10/2010 en 8:25 PM

    se enoja porque no fue, bueno… ni yo, pero no me agüito

  3. Memin 20/10/2010 en 9:18 PM

    eso es una fiesta de pseudoescritores que se emborrachan con el dinero del pueblo sino pregunten a Lizardi

Anúnciate en Peninsular Digital

 

¿Quires anunciarte en Peninsular Digital?

Aquí puedes descargar nuestras tarifas.

Email de contacto: publicidad@peninsulardigital.com.