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Hace camino al andar

Cumple Serrat 70 años de vida

Serrat

Sus amigos le dicen El Nano.

Ciudad de México.– Una sola de sus canciones le habría ganado la trascendencia. Y no es precisamente su éxito único, como ha ocurrido con otros cantantes. La de Joan Manuel Serrat, según la revista The Rolling Stone, basada en entrevistas con expertos y músicos, es la mayor canción de España en todos los tiempos y es una única en español que aparece en el recuento e investigación de la misma publicación de las cien mejores canciones del pop mundial.

Y esa canción no es Cantares, los versos de Antonio Machado a los que les puso música y que desde 1969 es un himno universal, aun cuando quienes la escuchen no sepan ni quién es el autor de la letra, de la música o quién lo canta, porque universalmente se sabe ya que el camino se hace al andar, golpe a golpe, verso a verso…

La otra también es un himno como Imagine, Un mundo raro, El rock del reloj, Let it be, A media luz (“Corrientes 348…”),  La chica de Ipanema, Bésame mucho, Lamento borincano, ¿De dónde son los cantantes?, We are the champions… y las que se le ocurran a cualquier lector. Icónicas, emblemáticas, les llaman ahora a esas canciones. La de él se llama Mediterráneo, aunque no era su nombre original, porque pudo llamarse Amo el mar y o Hijo del mediterráneo.

Sus amigos le dicen El Nano. Es hijo de Ángeles y Josep. Ella aragonesa; él, catalán. Ama de casa y obrero. Charnergo por parte de madre; anarquista por parte de padre. La madre lo arrulló con boleros, mientras el padre cantaba tangos. Nació en el Poble Sec, su barrio de Barcelona y, como tal, buen culé, de esos que son socios del club y van a la tribunas a exigir triunfos a los blaugranas. Lo quieren tanto que fue el quien cantó el himno del Barça en el centenario del equipo.

Hoy Joan Manuel Serrat cumple ya 70 años y solo o con alguno o algunos de sus amigos es capaz de llenar teatros, auditorios, estadios en España, Argentina, Chile y México, países donde ha tenido éxito.

Es bueno para escribir, para leer, para cantar, para hacer vino y quienes lo conocen personalmente también alaban su buen comer, su amistad y su solidaridad. A sus conciertos, contra lo que se esperaría, no sólo asisten los viejitos que lo oyeron por primera vez en los años 60 del siglo pasado; van sus hijos, sus nietos, y también premios Nobel de Literatura, como Gabriel García Márquez. Y siempre en la taquillas cuelgan el letreto aquel de “no hay billetes” en español de España o “boletos agotados”, en mexicano.

Más que discos de oro o platino, Joan Manuel Serrat  Teresa ha coleccionado oyentes, seguidores, fanáticos… y doctorados honoris causa de universidades de aquí y de allá. La República Francesa le concedió la Orden de la Legión de Honor, aquella que ya había obtenido el tío Alberto de su canción (un industrial catalán llamado Alberto Puig Palau, mecenas de artistas, según todas las señas que identifican quienes son amigos del Nano, de acuerdo con Luis García Gil en su Serrat, canción a canción, citado por Diego A. Manrique y Darío Manrique Núnez en su imprescindible investigación y recopilación Palabras hechas canciones, editada por Aguilar con discos compactos incluidos. Es necesario decir que buena parte de los recuerdos de este texto fueron confrontados y respladados por las historias de los Manrique).

Joan Manuel Serrat comenzó su carrera influido por los cantautores franceses de principios de los años 60 del siglo pasado.

Fue parte del movimiento musical conocido como la Nova Canço catalana. Hizo radio, aunque también había logrado obtener el grado de “sexador de pollos” (técnico en la identificación del sexo de pollitos para industria avícola, con objeto de ganarse una lana, aunque su real carrera fue la agronomía). Irrumpió en la popularidad —al menos en toda España— cuando fue seleccionado para representar a su país en la versión 1968 del Festival de Eurovisión. Ahí debía interpretar la canción La, la, la, de la autoría de El Dúo Dinámico (Manuel de la Calva Diego y Ramón Arcusa Alcón, ambos catalanes y pioneros del rock y del pop en España).

Básicamente, Serrat había hecho su carrera cantando en catalán. Muchos de sus compañeros de la Nova Canço lo acusaron de traición en aras de comercializarse. Dicen que entonces tenía pinta de rockstar. Los hispanohablantes no aceptaban que su represetación fuera en catalán, porque Serrat anunció que cantaría en la lengua de su tierra. Y se armó la de Dios es Padre. Lo menos que se dijo fue que era un ardid publicitario de su representante José María Lasso de la Vega, que también lo era del Dúo Dinámico, y a quien algunos le atribuyen el mote de El Nano.

Serrat hablaba catalán por su padre y español por su madre; la calle y la casa. No fue a Eurovisión. La televisión española de la dictadura lo impidió. La canción sí representó a España y, en voz de Massiel, obtuvo el triunfo. En 1991, durante su programa La radio con botas, afirmó que lo que hizo en 1968 fue por congruencia y dignidad y nada más. Serrat y Massiel —de gira por México cuando ocurrieron los hechos— siguieron siendo amigos.

A cambio de la fama europea, Lasso de la Vega consiguió que Serrat acudiese al Festival de Río de Janeiro en ese mismo año. Ahí cantó y ganó con otra sus canciones.

Canciones que nunca dejarán de ser identificadas ni identificables: Penélope, que existía en lo musical, pero no en la letra. La música original es de Augusto Algueró y la letra de Joan Manuel. Está claro que en España hay una o varias generaciones de mujeres que se llaman Penélope por aquella canción. Dicen que la más famosa de ellas es Penélope Cruz. Lasso de la Vega imaginó a su representado cantando Fiesta.

Penélope es parte del primer disco serratiano en español. La Paloma es el título del LP,  denominación de entonces, y no es el que contiene los versos de Machado. La Paloma es un poema nada menos que del comunista Rafael Alberti, quienes han investigado la vida artística de Serrat dicen que ese poema-canción no estaba previsto para incluirse en el disco, pero finalmente le dio título. Ese primer disco LP en español con 12 canciones incluye otros cinco de sus grandes éxitos: La Paloma, El Titiritero, Tu nombre me sabe a hierba, Poema de amor y Penélope.

Un año después, en 1969, vendría la explosión. El joven, de 25 años, Joan Manuel Serrat publica un disco dedicado a Antonio Machado, poeta, un republicado exiliado, víctima de la Guerra Civil Española, nada grato al franquismo. De las 12 canciones, once son versos del poeta sevillano y una, En Colliere, del propio Serrat. Desde entonces Cantares es himno universal y Serrat reconocido como el musicalizador de Machado. Todo es cierto, aunque él mismo da crédito al argentino Alberto Cortez, como el musicalizador original de Retrato y Las Moscas, con arreglos de Waldo de los Ríos.

En el año 2000, cuando Serrat recibió el primer Premio Internacional Audiovisual Antonio Machado por su disco producido hacía 31 años y elegido entre más de 140 trabajos, se refirió en el discurso a la creencia de que ha contribuido a la difusión de la poesía de Machado.

Antonio Machado no es el único poeta musicalizado por el niño de Poble Sec. Le ha dedicado discos completos a Miguel Hernández (Miguel Hernández e Hijo de la luz y de la sombra), al catalán Joan Salvat Papasseit (Res no és mesqui), al uruguayo Mario Benedetti (El sur también existe), y en sus diferentes producciones musicales ha incluido poemas de Alberti, León Felipe (Vencidos), Ernesto Cardenal (Epitafio para Joaquín Pasos), José Agustín Goytisolo (Historia conocida), Jaime Sabines (La lluna, en catalán), Eduardo Galeano (Secreta mujer y La mala racha), Luis Cernuda (Más que nadie) y Federico García Lorca (Herido de amor), Juan Marsé (Los fantasmas de Roxy), entre otros. De Miguel Hernández, otro poeta republicano, son nada menos que Para la libertad, Menos tu vientre, La boca, Romancillo de mayo, Llegó con tres heridas. Muchos años después habrá de recordarse que también cantó a autores como Violeta Parra, Víctor Jara, José Alfredo Jimenez y Enrique Santos Discépolo, entre otros.

Hace 28 años y unos días más, en una entrevista sugerida y conseguida por la constancia traducida en terquedad de la siempre reportera Sonia Morales, un domingo cualquiera el escribidor le preguntó a Serrat sobre sus lecturas, en los camerinos del viejo Auditorio Nacional, en minutos previos a su último concierto correspondiente a la presentación de El sur también existe. Esta fue respuesta:

“Soy tan raro que leo hasta los periódicos. Leo todo lo que cae en mis manos, lo que puedo. No tengo ningún prejuicio en cuanto a las cosas de lectura. Lo que ocurre es que a veces lo que leo se me cae de las manos y me voy a leer otras cosas.

“—¿Y literatura? ¿Como género? ¿Género y escritores?

“—Escritores, es muy difícil. Me voy a ver obligado a simplificar, contra lo que debiera ser. Como género prefiero el cuento corto, por el esfuerzo que representa para el escritor, y la poesía.

“Soy un hombre ligado a la poesía. Si tuviera que escoger a un poeta latinoamericano, sin duda alguna me quedaría con Pablo Neruda”.

En ese entonces también dijo ser lector de poetas mexicanos. Sin embargo, agregó, entre la gente de aquí “hay una sensación de que no me gusta la poesía mexicana, porque no le pongo música, lo que me parece una brutalidad muy grande. A mí me gustan mucho los trabajos de Salvador Novo, a quien tuve la suerte de conocer; Marco Antonio Montes de Oca, Carlos Pellicer.

“—¿Y de los jóvenes?

“—Bueno, a mí me parece que Pellicer es un poeta joven.”

Ya se sabe, al menos desde las épocas de don Alonso de Quijano, que la lectura no es muy buena consejera, por lo menos frente a lo establecido. Joan Manuel Serrat lo vivió en carne propia.

Fue declarado casi como enemigo personal de al menos dos dictadores, pero dictadores de a deveras: Augusto Pinochet, de Chile y Jorge Rafael Videla, de Argentina, quienes lo proscribieron en sus países. Por si hiciera falta, en Chile se decretó la misma pena a su letrista, un señor llamado Antonio Machado, quien seguramente en el cielo fue informado que no debería viajar al país andino. Al término de esas dictaduras, Serrat regresó a Argentina y a Chile, aclamado por su seguidores. De su letrista no se sabe nada, pero sí se sabe que se le sigue leyendo.

Pinochet y Videla deberían haber sabido que Serrat conocía a tipos como ellos y les sabía el modo para poderles pisar sus terrenos.

Tan fue así que el 29 de septiembre de 1975 aterrizó en el aeropuerto de la Ciudad de México, proveniente de La Habana, donde había presentado su nuevo disco Piel de manzana, poco apreciado por lo que su autor iba a comenzar a vivir al pisar territorio mexicano.

Al llegar, como se acostumbraba en aquellos tiempos, ofreció una conferencia de prensa en el aeropuerto a los periodistas que lo esperaban.

En España, en sus estertores de moribundo, Franco había mandado fusilar a tres militantes de las FRAP y a dos de ETA. Serrat dijo: “Declaro mi absoluto repudio a la pena de muerte y a la violencia establecida y oficial”. El moribundo régimen decretó el ostracismo para el cantautor catalán: desapareció de la prensa, la radio y la televisión, se dejaron de vender sus discos y hubo orden de aprehensión contra él.

Decidió quedarse en México con los, en ese momento, siete integrantes de su grupo, cuyas familias dependían del trabajo musical. Su exilio, de acuerdo con él mismo, no fue comparable con los de los republicanos vencidos en la guerra civil española. Fueron once meses vividos principalmente en México, pero también Estados Unidos y Francia.

En México hizo una gira de más de cinco meses por diversas ciudades y pueblos de la República, en una camión-casa, La Gordita le llamaron, que se compró en Los Ángeles, mediante la intervención de aquél quien es el protagonista (Constantino Romero, de acuerdo con la historia de los dos Manrique) de la canción Hermano que te vas a California… Discreto de esos días, Joan Manuel ha dicho que le sirvieron para conocer México más de lo que lo conocen muchos mexicanos. Se calcula que visitó unas 90 ciudades y pueblos de México.

En 1991, la cadena Radio 5 produjo y difundió el programa La radio con botas, 60 capítulos, de lunes a viernes, casi en la medianoche, en donde en cada programa se hizo “la historia sentimental” de España y el mundo año por año, a partir de 1940. La radio con botas fue conducido totalmente por Joan Manuel Serrat y en el participaron como guionistas  de la talla de escritores como Manuel Vázquez Montalbán, su amigo y autor del primer libro sobre El nano y sus canciones, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan A. Goytisolo, Terenci Moix, entre otros.

El programa correspondiente al año de la muerte de Francisco Franco, inició así en voz de Serrat:

“Buenas noches. No hay ninguna duda que 1975, año por el que esta noche nos toca transitar, fue especialmente importante así en la tierra como en el cielo. Lo de la tierra se lo vamos a contar entre La radio con botas y un servidor de ustedes a lo largo y ancho de este programa. Y de lo que ocurrió en el cielo el 20 de noviembre de 1975, les vamos a poner al corriente ahora mismo.

“Andaba san Pedro, barba blanca y sandalias de pescador, atareado en sus quehaceres en la puerta del cielo jugando con su manojo de llaves con la habilidad de un maraquero cubano, cuando recibió un visitante de postín. Era uno que aseguraba haberlo dejado todo atado y bien atado en la tierra; uno que anduvo bajo palio, como la hostia, y por quien se rezaba especialmente en todas las iglesias del país; uno que era amigo de papas, de obispos y de monseñores.

“Y aquel día, el buenazo de san Pedro se vio en apuros: por un lado, el hombre no quería perder el puesto, y por otro, siempre le había costado tanto decir que no. Aquel tipo venía con unas recomendaciones excelentes, pero con su historial, con su historial nadie había alcanzado jamás la gloria eterna… hasta que se le encendió una luz:

“Excelencia, le dijo con una amplia sonrisa, lo mejor será que se pase usted por el purgatorio. Sabe, aquí en el cielo se nos ha colado mucho rojo y con usted están especialmente quemados; son gente resabiada a los que su excelencia les privó de la experiencia de morir en la cama, y aquí en el cielo su excelencia se sentiría francamente incómodo.

“Y el viejo general tomó el volante que san Pedro le ofrecía y, por primera vez en su vida, tuvo que ir de ventanilla en ventanilla tratando de que los ángeles que estaban de servicio pusieran en el impreso los sellos de conforme para ser aceptado en el purgatorio…

“Y zanjemos aquí la historia. No queremos ir más allá, ni saber más del asunto. Que conste que nosotros, los de La radio con botas, el infierno no se lo deseamos a nadie.”

Tal vez, sólo tal vez, Serrat y sus guionistas decidieron ser generosos y no desearle el infierno al dictador pensando en aquello de “al volver la vista a atrás/ se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Los que le llevan las cuentas, afirman que Joan Manuel Serrat es autor de unas 300 canciones. Y en ellas están incluidas aquellas que se siguen cantado día a día como exultante Vagabundear o la inolvidable Señora.

Las citadas apretadamente en este texto no son sus únicos éxitos. Ahí están La saeta, He andado muchos caminos, Aquellas pequeñas cosas, La mujer que yo quiero, Lucía, Para la libertad, Soneto a mamá, Palabras de amor, No hago otra cosa que pensar en ti, Hoy puede ser un gran día. Y muchas inolvidables en el gusto de sus fanáticos como De cartón piedra, Muchacha típica, Cuando me vaya, Canción infantil, Poco antes de que den las diez, Nanas de cebollas, Balada de Otoño, Barquito de papel, De parto, Romance de Curro el Palmo, Pueblo blanco, El carrusel del Furo, La aristocracia del barrio, A quién corresponda, Las malas compañías, Esos locos bajitos, Una de piratas, Cada loco con su tema, Sinceramente tuyo, Ciudadano, Por las paredes, Irene, Bienaventurados, Llegar a viejo, Especialmente en abril, Una mujer desnuda y en los oscuros… entre muchas otras.

El primer disco de Joan Manuel Serrat data de 1967 y fue grabado totalmente en catalán como los dos que le siguieron. Serrat tenía entonces 24 años y ese disco llevó por título Ara que tinc vint amys (Ahora que tengo 20 años), canción que sigue cantando, en catalán. Y continúa cantando como entonces, seguramente porque, como decía aquel original puñado de versos, aún tiene fuerzas, su alma no está rota y siente hervir la sangre y porque “quiero alzar la voz/ para cantar a los hombres/que han nacido de pie/que viven de pie/y que de pie mueren./ Quiero y quiero cantar/hoy que aún tengo voz/quién sabe si podré mañana”.  Del canto de esas coplas hace cerca de 46 años. Hoy el niño (noi) de Poble Sec cumple 70 años de edad.


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