Reportaje: Prevención de accidentes

Pamela Padilla Soto 

Protección Civil afirma que al filo de las primeras horas de la madrugada, un accidente ocurrió y que el o los heridos fueron asistidos por la Cruz Roja, entonces, con nervios que hacen sudar las manos, Nina llama y pregunta por su esposo, no obtiene respuesta de él, pero sí de su compañero de trabajo, el cual fue trasladado en estado grave al Hospital General de San José del Cabo.
Protección Civil afirma que al filo de las primeras horas de la madrugada, un accidente ocurrió y que el o los heridos fueron asistidos por la Cruz Roja, entonces, con nervios que hacen sudar las manos, Nina llama y pregunta por su esposo, no obtiene respuesta de él, pero sí de su compañero de trabajo, el cual fue trasladado en estado grave al Hospital General de San José del Cabo.

Son las 3:45 de la mañana del 9 de diciembre del 2009, Nina se levanta de súbito, se da cuenta que su esposo no ha llegado a casa, por lo que de inmediato marca a su celular, el teléfono suena, pero entra el buzón de voz, los minutos pasan tan lento que parecen horas y la llamada cincuenta sigue sin ser respondida, entonces, es cuando se decide a llamar a los cuerpos de emergencia.

 Protección Civil afirma que al filo de las primeras horas de la madrugada, un accidente ocurrió y que el o los heridos fueron asistidos por la Cruz Roja, entonces, con nervios que hacen sudar las manos, Nina llama y pregunta por su esposo, no obtiene respuesta de él, pero sí de su compañero de trabajo, el cual fue trasladado en estado grave al Hospital General de San José del Cabo.

 Entonces, su corazón casi parece salirse del pecho, conduce y se apresura a llegar al hospital. En el lugar nota la presencia de policías a quienes pregunta por su marido, la hacen pasar a ver al herido: lo reconoce a pesar de la hinchazón de su rostro y las vendas en su cabeza y brazos, obviamente confundido, no puede darle información sobre su esposo.

 Nina se dirige a la recepción del hospital, pregunta por el acompañante del paciente accidentado, entonces, escucha lo inesperado, lo que su corazón le indicaba pero su mente trataba de ignorar, la falta de respuesta de sus múltiples llamadas: “señora, alguien murió en ese accidente, déjeme ver si es la persona que usted busca”.

 No esperó, caminó detrás del médico, que dio el nombre de su esposo al policía en custodia, a quien Nina vio afirmar con la cabeza y el tiempo se congeló; de inmediato, sus manos comenzaron a temblar, le acercaron una silla y le sugirieron buscara a algún familiar o amigo para ayudarla, pero le resultaba imposible hasta marcar un número telefónico.

Nina tomó agua, pensó en su esposo, trató de controlar el llanto y los nervios, pensó en sus suegros… Entonces, llamó a sus padres a quienes dio la noticia y, al escuchara la voz de su madre, se quebró en un llanto adolorido, pues fue cuando comprendió que su esposo había perdido la vida.

Comienza el viacrucis

Un policía se acerca a Nina y le dice que se tranquilice, que primero debe verificar con la Policía Federal si es su esposo el fallecido. Acompañada por una amiga cercana se dirige a la institución, en el lugar busca que los elementos le confirmen la muerte de su esposo, ellos hacen llamados por la radio y hablan en clave, la espera resulta insoportable, es entonces que el agente responsable le confirma las terribles noticias.

 –       Mija, ¿qué era suyo?
–        Mi esposo, responde.
–        Ah, ya está muerto.

 Nina no encuentra consuelo ni en sus lágrimas, pero acude a la Dirección de Tránsito donde le indican el lugar donde podrá reconocer el cuerpo de su esposo, una funeraria local que funge como el Servicio Médico Forense, SEMEFO, pues no se cuenta con el mismo en San José del Cabo.

 Llega al escabroso lugar, pregunta por su esposo y la hacen esperar cerca de 45 minutos para pasar a reconocerlo, mientras recapitula la vida que ya no tiene y el futuro planeado que ya no existirá, entonces ya recibe llamadas de pésame, cuando ni siquiera ha visto el cuerpo de su marido.

 La conducen por un pasillo oscuro, lleno de ataúdes, llega a un cuarto donde yace el cuerpo de su esposo, helado, húmedo y cubierto por una cobija, entonces se acerca y lo abraza, “así no eran las cosas, así no eran”, le dice al oído; le quita la cobija y es imposible dejar de notar que la necropsia de ley ya está practicada. Nadie le avisó de lo ocurrido, ni la Policía Federal, ni la Policía Municipal, ni Bomberos, ni Cruz Roja, ni Protección Civil.

 Entonces, Nina debe enfrentarse a los elevados costos, a los trámites, a las firmas y sellos que deben expedirse para que su esposo descanse en paz, pero, con todo y su dolor, percibe las carencias y faltas que se realizan en torno a la muerte, entre las que cabe destacar, no tuvo la opción de cremación, pues el Municipio de Los Cabos no cuenta con horno y en La Paz no había gas, por lo que debían enviarlo a Guadalajara o el Distrito Federal, aumentando considerablemente los gastos.

¿Qué pasó?

Regresaban de una posada celebrada en Cabo San Lucas, donde comieron y tomaron algunas copas, aunque, cabe destacar, los análisis practicados por las autoridades señalan que ni el conductor ni el copiloto tenían rastros de alcohol o drogas en su sangre, pero sí estaban cansados, lo que se considera como la causa que provocó el fatal accidente.

 Saliendo del restaurante donde fue la posada, el esposo de Nina, su compañero de trabajo y la novia del mismo, subieron a la camioneta color plata, manejaron hasta San José del Cabo y pasaron a dejar a la chica, entonces, el marido de Nina se pasó al lugar del copiloto y le dijo al conductor que lo notaba cansado, que él manejaba, a lo que este se negó, pero sí le pidió lo acompañara a poner gasolina.

 Llegando a la gasolinera, el conductor notó que su copiloto se había quedado dormido, entonces decidió llevarlo a su casa, al lado de su esposa Nina, destino al que nunca llegaron, pues al conductor le ganó el sueño y se quedó dormido mientras manejaba, desviándose de la carretera y atravesando el muro de un taller mecánico, para detener el impacto contra una grúa fija.

 El esposo de Nina, quien iba dormido, continuó su sueño hasta la eternidad y, en el lugar, dejó de contar sus días, por su parte, el conductor sobrevivió a sus graves heridas, pero con la terrible lección de su falta de prevención.

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